Carlos Villagrán Quico: El maestro de la lente antes del escobazo
La increíble historia mundialista de un fotógrafo que, antes de convertirse en el famoso personaje de El Chavo del Ocho, capturó momentos históricos del deporte en México. Por: Carlos Barrón. 28 de febrero de 2026 - 03:45 Hrs.
De ayudante de fotógrafo a testigo de la historia
Hijo de un fotógrafo callejero, el primer oficio de Villagrán fue ser ayudante de su padre, cargando los enseres de fotografía por las calles de la Ciudad de México. Caminaban al Árbol Bendito en la Colonia Tacubaya o a la Alameda Central, retratando a niños y familias para ganar unos pesos. "Éramos tan pobres, que los pobres no querían juntarse con nosotros", bromea al recordar su infancia.
Su oportunidad llegó cuando su padre se encontró con Eduardo Quiroz, jefe de fotógrafos en El Heraldo de México, quien le dio la chance de ingresar al periodismo gráfico. Así, Carlos Villagrán se sumergió en el mundo de la fotografía deportiva, justo antes de los Juegos Olímpicos de 1968.
Cobertura de eventos históricos: De Tlatelolco al Mundial
Villagrán no solo cubrió los Juegos Olímpicos, sino también las protestas estudiantiles. "Un día me agarró un policía a macanazos porque tenía el pelo largo", relata, explicando que mostró su credencial del periódico para salir del apuro. En la inauguración olímpica, le encomendaron sacar una foto panorámica del estadio, capturando el momento en que Enriqueta Basilio encendió el pebetero.
Luego, llegó el Mundial de 1970, donde tuvo la oportunidad de estar en la cancha durante los partidos de México. Recuerda con emoción la algarabía en el Estadio Azteca y la euforia en el Ángel de la Independencia. "Me tocó ver a Pelé en ese momento, era un hombre increíble, un atleta nato", afirma, aunque confunde el empate 0-0 con la URSS, bromeando que "como todo ha subido, pues ya es 1-1".
La transición hacia la comedia y el legado futbolístico
A pesar de su pasión por la fotografía, Villagrán siempre soñó con ser futbolista o comediante. En El Heraldo de México, ganaba 800 pesos como complemento, pero su verdadera vocación era el humor. "A veces me publicaban una que otra foto, yo era como un aprendiz", admite.
Su conexión con el fútbol continuó cuando grabó El Chanfle en el Estadio Azteca, vistiendo el uniforme del América a pesar de ser fan de las Chivas. "Me pagaron, fueron tres meses de sueldo", explica, riendo al recordar el olor a azufre de la camiseta. Hoy, anticipa con entusiasmo el Mundial 2026, un evento que no se perderá.
Esta historia revela a un Carlos Villagrán atrapado entre su pasado como fotógrafo y su presente como Quico, un hombre que vivió momentos únicos del deporte mexicano antes de convertirse en ícono de la televisión.
