La selección de Inglaterra, liderada por un implacable Jude Bellingham y con un gol de penal de Harry Kane, derrotó 2-1 a México en los octavos de final del Mundial 2026, celebrado en el Estadio Azteca. El conjunto inglés, reservado pero letal en sus ataques, controló la altitud de la capital mexicana y golpeó en los momentos clave para acabar con la ilusión de una afición que soñaba con avanzar más allá de esta ronda.
El dominio inglés y la respuesta mexicana
Desde el inicio, Bellingham demostró por qué es considerado uno de los mejores del mundo. Al primer balón que controló en el medio campo, arrastró a tres rivales y generó peligro constante. El delantero del Real Madrid, descrito como un animal indomable cuando va de frente al arco, fue el motor ofensivo de los Tres Leones. México, por su parte, no se amilanó y logró igualar el marcador antes del descanso gracias a un gol de Julián Quiñones, quien llegó a cuatro anotaciones en mundiales, igualando a Luis Hernández y Javier Hernández en la lista de máximos goleadores mexicanos.
La expulsión de Quansah y el penal de Kane
En el segundo tiempo, el partido parecía inclinarse a favor de México cuando el defensa inglés Jarell Quansah fue expulsado, dejando a su equipo con diez hombres. Sin embargo, Inglaterra apeló a su fortaleza y, en una jugada de estrategia, consiguió un penal que Harry Kane transformó con frialdad. México respondió de inmediato con otro penal cobrado por Raúl Jiménez, quien volvió a vencer a Jordan Pickford, pero el empate no fue suficiente para cambiar el rumbo del encuentro.
El cerrojo inglés y la despedida mexicana
Tras el 2-1, el técnico inglés Thomas Tuchel ordenó replegar a su equipo, que se defendió con una resistencia digna de un castillo medieval. Pickford achicó el arco y cinco defensores, apoyados por Bellingham y Anthony Gordon, cerraron todos los espacios. Javier Aguirre, técnico mexicano, intentó buscar el empate por la vía aérea con el ingreso de Memote Martínez, pero la defensa inglesa se mantuvo firme. México se despidió del torneo con una actuación que, aunque dolorosa, dejó esperanzas en una nueva generación de futbolistas.
El legado del partido
Para la afición mexicana, la derrota fue menos amarga que en ocasiones anteriores. El equipo, que ganó el corazón de muchos por su entrega, se fue aplaudido entre lágrimas que ya no eran ácidas, sino esperanzadoras. "Una nueva generación de futbolistas y fanáticos creen que pueden construir un equipo competitivo para el futuro", señaló el periodista Eduardo Jiménez en su crónica. Sin embargo, la realidad es que México sigue sin poder superar los octavos de final en un Mundial, viendo a otros celebrar en su propia casa.



