El Estadio Monterrey se vistió de gala con la pasión de sus aficionados
En una jornada cargada de emoción y color, los seguidores de los Rayados de Monterrey y del Xelajú transformaron las tribunas del "Gigante de Acero" en un espectáculo visual previo al partido. Desde las primeras horas del día, la casa rayada recibió a miles de aficionados que, con banderas, camisetas y cánticos, pintaron un mosaico de pasión futbolística.
Preparativos y ambiente previo al encuentro
Como es tradición en cada compromiso, la cancha fue regada meticulosamente antes del arranque, asegurando las condiciones óptimas para el juego. Los jugadores del Xelajú no desaprovecharon la oportunidad y se tomaron fotografías en el emblemático estadio, reconociendo la grandeza de un recinto que pronto será mundialista. Mientras tanto, los futbolistas de Rayados realizaron su calentamiento habitual, enfocados en la contienda que se avecinaba.
En la portería, Santiago Mele inició como guardameta titular de Monterrey, listo para defender la meta local. La parcialidad del equipo chivo, aunque minoritaria, se hizo notar en lo alto del estadio, demostrando que el fútbol trasciende fronteras y rivalidades.
Convivencia entre aficiones
Uno de los momentos más destacados fue la convivencia pacífica entre aficionados de ambos equipos. Seguidores del Xelajú compartieron espacios y experiencias con los locales, creando un ambiente de respeto y camaradería que enriquece el espíritu deportivo. Esta interacción refleja cómo el fútbol puede unir a personas de diferentes culturas y regiones.
Las imágenes capturadas por Alejandro Garza Alva y Mexsport documentan no solo la preparación técnica, sino también la energía humana que palpita en cada rincón del estadio. Desde los primeros asistentes hasta los últimos detalles del calentamiento, cada instante contribuyó a tejer la narrativa de un encuentro que prometía intensidad y calidad.
Con el Estadio Monterrey en la mira como futura sede mundialista, este evento sirvió como un recordatorio de su capacidad para albergar grandes espectáculos y de la inquebrantable lealtad de su afición. La jornada dejó claro que, más allá del resultado, el fútbol se vive con el corazón y se pinta con los colores de la pasión.