El apellido Huiqui, antes asociado a defensas rudos y chistes fáciles, vuelve a brillar en el fútbol mexicano. Ahora desde el banquillo de Cruz Azul, Joel Huiqui, con raíces yoreme-mayo, dirige al equipo en la final del Clausura 2026 contra Pumas, con apenas cinco partidos como entrenador. Su interinato, que parecía un parche, se transformó en una racha de cuatro victorias y un empate, devolviendo la identidad y la competitividad al club.
Origen yoreme de Huiqui
Joel Huiqui explicó: "Mi apellido es un poco raro, mis abuelos, mis bisabuelos, ellos eran de una tribu indígena que se llaman Los Mayos, mi abuelo muy chiquito llegó de Sonora". En lengua mayo, "yoreme" significa "el que respeta", y su apellido paterno proviene del pueblo mayo de Navojoa, donde "wikit" significa "pájaro". Esta herencia cultural se refleja en el respeto y la resistencia que Huiqui ha inculcado al equipo.
Impacto en el equipo
Con solo cinco partidos, Huiqui logró que Cruz Azul corra más, se equivoque menos y compita cada balón. La afición ya pide su continuidad, conectando con su figura de exjugador que entiende las cicatrices históricas del club. En un fútbol obsesionado con la estética, Huiqui recuperó la dureza emocional y la identidad perdida.
El camino a la décima
La posibilidad es enorme: si conquista la Liga MX, Huiqui se convertirá en el entrenador con menos partidos dirigidos en entregar un campeonato de liga a La Máquina, logrando la ansiada décima. Pumas es el último reto, y el equipo no juega resignado al caos, sino que ha aprendido a sobrevivir dentro de él.
En un fútbol mexicano que a menudo se avergüenza de sus raíces indígenas, la historia de Huiqui resalta una herencia silenciosa que se ha filtrado en la personalidad competitiva de su equipo. Los yoremes aprendieron a resistir sin ruido, y Cruz Azul encontró una versión futbolística de esa idea.



