México ha asegurado su participación en el fútbol masculino de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. El equipo nacional sub-20 logró este objetivo histórico al imponerse a Canadá con un marcador de 1-2 durante la semifinal del Campeonato Sub-20 de la Concacaf, disputada en el Estadio Banorte bajo condiciones climáticas adversas y una tormenta eléctrica.
Remontada histórica bajo presión
La victoria no solo cierra el ciclo de ausencia mexicana en las olimpiadas recientes, específicamente en París 2024, sino que también consolida el cumplimiento de los objetivos establecidos para el torneo continental. Con este resultado, la selección juvenil obtiene simultáneamente el pase directo al Mundial de la categoría programado para 2027.
El partido comenzó con un golpe duro para el Tricolor. A los seis minutos, Owen Graham-Roache convirtió el primer gol para Canadá tras un remate frontal sin vacilaciones frente a Cristo Navarrete. Aunque el portero intentó volar hacia el balón, el reflejo no fue suficiente para desviar el esférico, el cual ingresó por el costado derecho de la portería.
La situación se complicó siete minutos después cuando Cristo Navarrete, hijo del exguardameta Armando Navarrete, sufrió una lesión en la pierna derecha que lo obligó a abandonar el terreno de juego. Esta baja temprana forzó cambios tácticos inmediatos. Previamente, el mediocampista canadiense Antone Bossenberry había salido por un problema en el hombro, siendo sustituido por Liam Mackenzie.
Ante esta contingencia, el tercer portero Artemio Olvera hizo su debut en el campeonato. El titular Sebastián Liceaga no estuvo disponible debido a una suspensión acumulada. La entrada de Olvera coincidió con momentos de alta tensión, incluyendo reacciones de la afición mexicana que entonaron cánticos prohibidos por la FIFA durante despejes del arquero rival Abraham Nathaniel. Sin embargo, el árbitro guatemalteco Cristhofer Coronado no aplicó el protocolo contra la discriminación dictado por la Concacaf.
Igualdad y cambio de ritmo en el segundo tiempo
Durante el primer tiempo, México mantuvo la presión mediante jugadas a balón parado, generando constantes faltas por parte de la defensa norteamericana. Las tarjetas amarillas para Mackenzie y Richard Chukwu evidenciaron la intensidad defensiva de los visitantes. Santiago Sandoval, volante de las Chivas, tuvo una oportunidad clara desde un tiro libre tras su milagrosa reincorporación por una lesión en la mano, pero el disparo se fue al costado derecho.
Al reiniciar la segunda mitad, la selección mostró una mejora notable impulsada por las indicaciones de Andrés Lillini, director de selecciones juveniles, y los ajustes tácticos del entrenador Alex Diego. Este último introdujo a Diego Ramírez por Gamboa y a Cristóbal Alfaro por Carmona, cambios que revitalizaron el ataque local.
El empate llegó en el minuto 49. Tras un disparo corto de Francisco Valenzuela rechazado por el guardameta canadiense, Cristóbal Alfaro aprovechó el rebote para colocar la pelota en las redes, nivelando el duelo en 1-1. La zona técnica mexicana celebró efusivamente mientras los jugadores compartieron abrazos para recomponer la moral de cara al desenlace final.
El penal decisivo y la clasificación final
A pesar de la igualdad, México siguió acosando la portería rival. Hubo ocasiones dramáticas, como un remate que pegó en el travesaño y una falta de cabeza de Valenzuela, quien, estando solo frente al arco descubierto, mandó el balón por encima de la meta, generando evidente frustración entre Hugo Camberos y Sandoval.
El giro definitivo ocurrió en el minuto 67 con la expulsión de Liam Mackenzie por acumular dos tarjetas amarillas tras una falta sobre Edwin Soto. Esta reducción numérica afectó significativamente el plan de juego del técnico Jesse Marsch. Diez minutos después, Max Vogele cometió una falta dentro del área sobre Sandoval, lo que resultó en un penal sancionado por el árbitro.
Hugo Camberos ejecutó el penal en el minuto 78, definiendo el 1-2 a favor de México. El resto del encuentro vio a Canadá intentar revertir el marcador bajo una fuerte presión local, incurriendo en más faltas conforme avanzaban los minutos. México se mantuvo cauteloso hasta el pitazo final, recibiendo una ovación abrumadora de las 13,778 personas presentes en el estadio.
Con esta clasificación, la selección mexicana se prepara para enfrentar a Estados Unidos en la final del domingo, misma sede del Coloso de Santa Úrsula. La ventaja de contar con la sede olímpica en territorio estadounidense facilitó indirectamente el camino mexicano, sumado a la ya obtenida clasificación al Mundial Sub-20 de 2027, cerrando así un ciclo exitoso para el futbol juvenil nacional.



