Tapatías Voleibol: El sueño de una hija que se convirtió en franquicia profesional
Dicen que el amor de un padre no conoce límites, y la historia de Héctor Oroz y su hija Miranda es un testimonio conmovedor de esta verdad universal. Lo que comenzó como un deseo de sanar un corazón herido se transformó en la creación de Tapatías, uno de los seis equipos fundadores de la Liga de Voleibol Profesional de México (LVP), que representa con orgullo a Jalisco en el máximo circuito nacional.
Un sueño nacido del amor paterno
Miranda Oroz, desde muy pequeña, demostró un talento excepcional para el voleibol. Su estatura, adaptabilidad y habilidades en la cancha la llevaron a ser capitana de la Selección Jalisco durante seis años consecutivos, siendo considerada la mejor jugadora en su categoría durante mucho tiempo. Su talento le valió una beca universitaria en Estados Unidos, donde esperaba desarrollar su potencial al máximo.
"Ella traía un valor como capitana. Después de venirse de Estados Unidos, sintió la presión por las críticas que recibió aquí", relata Héctor Oroz, empresario y propietario de Audio Car, la exposición número uno en México en su rubro.
Sin embargo, la experiencia estadounidense no fue como esperaba. El nivel competitivo era abrumador, y Miranda no logró el protagonismo que anhelaba. Su regreso a México vino acompañado de una profunda desilusión y depresión, situación que movilizó a su padre a buscar una solución.
El nacimiento de un proyecto sólido
Fue así como, en noviembre de 2015, nació el club Tapatías, inicialmente participando en la Copa Federación regulada por la Federación Mexicana de Voleibol. Aunque la LVP se anunció oficialmente en diciembre pasado y comenzó actividades el 17 de enero de 2026, Tapatías cuenta con una historia de más de una década de desarrollo.
"Para mí el poder vivir esto con mi papá es una bendición. Yo creo que muchas niñas o deportistas les gustaría poder compartir su pasión con alguno de sus papás", expresa Miranda Oroz, quien ahora es jugadora del equipo que su padre preside.
El proyecto trascendió la mera competencia para enfocarse en la formación de talento. Actualmente, la escuela de Tapatías y Tapatíos cuenta con 800 niñas y niños en el estado de Jalisco, siendo la base del desarrollo voleibolístico regional. Uno de los socios del proyecto es padre de una jugadora que comenzó en 2017 y hoy integra la Selección Nacional Sub-19 como líder del equipo.
El salto a la profesionalización
Cuando surgió la propuesta de crear una liga profesional, Héctor Oroz no dudó en sumarse. Tapatías se convirtió en uno de los seis equipos fundadores de la LVP, junto con Coronelas de Durango, Leonas de Guanajuato, Freseras de Irapuato, Gigantes de Aguascalientes y Guerreras de Puebla.
"Desde hace cinco años la Federación buscaba una Liga profesional, pero la inversión era alta y había poco patrocinio. Este año se hizo un esfuerzo más serio", explica el directivo, destacando que la inversión requerida supera el millón de pesos mensuales.
La franquicia ofrece condiciones profesionales completas a sus jugadoras:
- Sueldos competitivos
- Vivienda y alimentación
- Servicios de fisioterapia
- Traslados y gimnasio
Superando adversidades
Miranda Oroz ha tenido que enfrentar múltiples desafíos en su camino. Además de la depresión post-estadounidense, ha pasado por varias operaciones de rodilla que la mantuvieron fuera de las canchas durante dos años.
"El que se creara una Liga profesional fue un sueño hecho realidad, porque yo veía las Ligas de otros países y que se haya dado en México para mí es algo inexplicable", confiesa la jugadora, quien reconoce la presión adicional de ser hija del presidente del equipo.
"Obvio tiene cierta presión y, sobre todo, por comentarios que algunas personas hacen porque dicen que yo juego sólo porque mi papá es el presidente. Por un lado es cierto, digo el equipo nació por el amor hacia mí, pero sé que el talento lo tengo", afirma con determinación.
Talento internacional
Para fortalecer el equipo, Tapatías incorporó jugadoras extranjeras como Lorena Riascos, colombiana residente en Chile, quien enfrentó el difícil dilema de dejar a su hija de seis años para cumplir su sueño profesional.
"Me dolió un montón venirme porque tengo una hija de seis años. Lo pensé mucho, pero era la primera Liga profesional y sé que va a quedar para la historia", relata Riascos, destacando el apoyo familiar que recibió para tomar esta decisión.
La jugadora reconoce los desafíos de ser madre y deportista profesional simultáneamente, pero enfatiza que el voleibol es su pasión y que su hija comprende y apoya su carrera deportiva.
Presente y futuro
En la actual campaña 2026 de la LVP, Tapatías mantiene un récord de 7-4 y ocupa la segunda posición en la clasificación general. El equipo juega sus partidos de local en el Gimnasio Joly Ramírez de Guadalajara, mientras que esta semana visitará a las Guerreras de Puebla en el Gimnasio Miguel Hidalgo.
Lo que comenzó como un acto de amor paterno para sanar las heridas emocionales de una hija se ha convertido en un proyecto deportivo sólido que no solo compite al más alto nivel, sino que forma a las nuevas generaciones de voleibolistas jaliscienses y contribuye al desarrollo del deporte femenino profesional en México.
