La Doctrina del 'Policía Bueno y Malo': La Estrategia de Poder Económico de EE.UU. en México
Estrategia de EE.UU.: Policía Bueno y Malo en Economía Global

La Arquitectura del Poder Económico en el Siglo XXI

En los últimos días, los titulares de los periódicos han vuelto a destacar que el poder en el siglo XXI no se ejerce únicamente con uniformes militares, sino con documentos oficiales del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Las sanciones de exclusión financiera aplicadas a empresas y personas mexicanas, presuntamente vinculadas con fraudes y crimen organizado, no son un evento aislado. Forman parte de una arquitectura de poder meticulosamente diseñada, que controla infraestructuras críticas globales como el dólar, el sistema bancario, las redes tecnológicas, los seguros, los pagos internacionales y las cadenas de suministro.

La Estrategia Dual: Incentivos y Castigos

El profesor Edward Fishman, en su libro Chokepoints, describe con precisión cómo Estados Unidos domina los "puntos de estrangulamiento" del sistema internacional, ejerciendo presión selectiva. Esta no es una improvisación, sino una doctrina que ha evolucionado durante décadas en los pasillos de Washington. En un capítulo titulado "Good Cop, Bad Cop", Fishman explica la lógica dual de esta estrategia. Por un lado, el policía malo emplea sanciones financieras, exclusión del sistema en dólares, restricciones tecnológicas, cancelación de visados, amenazas regulatorias y controles a exportaciones estratégicas. Por otro lado, el policía bueno ofrece acceso privilegiado al mercado estadounidense, integración comercial profunda, cooperación en seguridad, financiamiento, inversión y cadenas productivas compartidas.

Estos instrumentos no son contradictorios, sino complementarios. El incentivo funciona porque el castigo es creíble. Para rivales sistémicos como Irán, Rusia o sectores estratégicos de China, predomina el policía malo. Para aliados o socios funcionales, domina el policía bueno, siempre bajo la sombra de su contraparte más severa. El acceso es posible precisamente porque la exclusión existe, creando un equilibrio de poder que moldea las relaciones internacionales.

Impacto en América Latina y México

En América Latina, hemos visto señales recientes de esta estrategia: cancelaciones de visados a figuras públicas en México, Colombia, Venezuela y Chile; advertencias financieras vinculadas al lavado de dinero; presiones regulatorias bajo argumentos de seguridad nacional; y controles tecnológicos en sectores como semiconductores o inteligencia artificial. Esto no es mera retórica, sino la lógica estructural de la guerra económica contemporánea.

La reciente decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que declaró inconstitucional el uso de facultades extraordinarias del Ejecutivo para imponer ciertos aranceles, tocó una fibra sensible al limitar una herramienta del policía malo. Sin embargo, no alteró la arquitectura general. La tendencia estratégica continúa, especialmente en el contexto de la confrontación económica entre Washington y Pekín, donde la competencia tecnológica, los subsidios industriales y los controles a exportaciones muestran que el comercio ha dejado de ser un asunto meramente técnico.

La Paradoja Estratégica de México

México desempeña un papel relevante en el comercio y las finanzas de la región. No es un adversario sujeto a sanciones estructurales, pero tampoco opera con autonomía plena. Nuestra inserción está profundamente anclada al sistema estadounidense, siendo su principal socio comercial. Esta integración nos otorga influencia, pero también vulnerabilidad, creando una paradoja estratégica.

México posee fortalezas únicas: proximidad geográfica, integración industrial irreversible, relevancia en cadenas manufactureras críticas, peso demográfico y logístico. No obstante, enfrenta debilidades institucionales que reducen su margen de maniobra. Cuando el Estado de derecho es frágil, la exposición externa se amplifica, haciendo esencial desarrollar una doctrina propia de seguridad económica.

Hacia una Soberanía Operativa

El debate no es si conviene la integración, sino cómo gestionarla. Entender que la economía no solo implica crecimiento del PIB, sino soberanía operativa: la capacidad de decisión real dentro de un sistema interdependiente. Esto requiere fortalecer instituciones financieras, mejorar la trazabilidad y transparencia en operaciones sensibles, profesionalizar la supervisión regulatoria y blindar sectores estratégicos frente a vulnerabilidades externas.

La guerra económica no comenzó con Trump y no terminará con él; es un proceso de largo aliento al que debemos estar preparados. Seguramente veremos más acciones de la Financial Crimes Enforcement Network, más litigios en cortes estadounidenses con implicaciones para actores mexicanos y mayor escrutinio en materia de lavado de dinero. No porque México sea un objetivo central, sino porque el policía malo no descansa, y el policía bueno negocia desde la fuerza.

En la nueva era de la guerra económica, nadie está completamente dentro ni completamente fuera. La integración ocurre bajo condiciones específicas. En un mundo de "puntos de estrangulamiento", la soberanía no se proclama: se administra con astucia y preparación estratégica.