La prohibición de comida chatarra en escuelas ha estancado la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que se aplica a estos productos. Entre enero y abril de este año, el gravamen a frituras, pastelitos y otros alimentos no básicos de alta densidad calórica apenas creció 1.1% anual, muy por debajo del promedio de 14% registrado en los cuatro años previos a la restricción, implementada a finales de marzo de 2025.
Menor consumo, menor recaudación
Según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el mismo periodo de 2025 la recaudación del IEPS para estos productos había crecido 2.2%, reflejando ya una tendencia a la baja. Iván Benumea, coordinador del Programa de Justicia Fiscal en Fundar, Centro de Análisis e Investigación, señaló que el consumo más moderado derivado de la prohibición escolar ha reducido el crecimiento del impuesto. “En el caso de los impuestos saludables, es importante considerarlos como un instrumento más dentro de las políticas públicas de salud. Por ejemplo, prohibir el consumo de alimentos ultraprocesados en las escuelas. Debe hacerse un análisis conjunto de estas medidas; al final, lo que nos gustaría es que el consumo disminuya tanto que la recaudación baje, porque el fin último es desincentivar el consumo”, explicó.
Medidas complementarias
La comida chatarra también enfrenta otras restricciones, como el etiquetado frontal de advertencia, vigente desde 2020, y el IEPS del 8% sobre el precio al consumidor final antes del IVA, que data de 2014. Sin embargo, especialistas consideran que este impuesto debe actualizarse.
Propuesta de aumento al 20%
En México, cerca de la mitad de la población menor de 20 años consume a diario botanas, dulces y postres, mientras que más del 40% consume cereales dulces. El consumo de alimentos no recomendados, como carnes procesadas y bebidas azucaradas, se asocia con mayor mortalidad y riesgo de sobrepeso y obesidad, según el estudio 'Impuestos Saludables, más recursos para la salud pública' de El Poder del Consumidor y Fundar. “Este IEPS debe actualizarse; hemos propuesto una tasa de 20% para alinearse a estándares internacionales. Además, estos incrementos buscan que las empresas reformulen sus productos, complementándose con políticas como los sellos de advertencia”, comentó Benumea.
Tendencia global
A nivel mundial, los impuestos a productos ultraprocesados se han expandido: en 2017 estaban presentes en seis países, y para 2022 ya eran 29. Un caso reciente en América Latina es Colombia, donde la tasa subió a 10% en 2023, 15% en 2024 y 20% a partir de 2025.
Falta de trazabilidad
La Organización Mundial de la Salud señala que estos impuestos pueden reducir el consumo, aumentar la recaudación, incentivar la reformulación de productos y mejorar la percepción de una alimentación saludable. No obstante, Benumea destacó que no existen mecanismos de trazabilidad que garanticen que lo recaudado se destine a políticas de salud. “Sigue siendo un gran pendiente. En la medida en que se pueda verificar que estos impuestos van al sistema de salud, tendrían mayor aceptación ciudadana”, concluyó.



