Colegiaturas privadas en México suben 6% anual: presión a escuelas y familias
Colegiaturas privadas suben 6% anual en México

La educación privada en México enfrenta una presión de precios que plantea un reto para la calidad educativa de millones de familias. Según datos del Inegi, los precios de los servicios educativos pasaron de crecer 1.1% anual en junio de 2021 a 4.9% en junio de 2023, y desde entonces se han mantenido en un ritmo de 6% anual entre junio de 2024 y junio de 2026. Este incremento supera consistentemente la inflación general, con una inflación acumulada del 30% en el rubro desde 2020.

De acuerdo con Francisco Cordero, CEO de Laudex, el alza de colegiaturas responde principalmente a costos reales. El directivo cita un análisis de Banxico sobre universidades privadas que separa el aumento de precios entre costos y demanda. Entre 2016 y 2018, de los 9.84 puntos porcentuales que subió el precio, 6.65 puntos provinieron del lado de los costos y 3.19 puntos de la demanda. “En números redondos, dos terceras partes del alza son costo real”, señala Cordero.

Costos laborales, el principal factor

El principal costo de escuelas y universidades privadas es la nómina. Datos del Censo Económico del Inegi para educación superior indican que los sueldos del personal pasaron de representar 42.8% del gasto operativo en 2013 a 55.1% en 2023. En términos simples, de cada 100 pesos que gasta una institución de educación superior para operar, 55 se destinan a sueldos. La presión no solo proviene de maestros frente a grupo, sino también de administrativos, personal de apoyo, mantenimiento, seguridad, tecnología y servicios. Según Laudex, renta y mantenimiento pesan menos que la nómina: entre ambos no llegan a 7 de cada 100 pesos del gasto operativo.

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Circe, científica y directiva del área de salud de una universidad privada en Puebla, describe el dilema desde dentro. En reuniones recientes con escuelas y facultades de Medicina, el tema recurrente fue la combinación de costos altos, salarios, menor inversión y menos apoyos para equipamiento, justo cuando la formación médica exige más tecnología. “En la universidad donde trabajo, que tiene 45 años desde su fundación, hemos apoyado a los alumnos y durante dos años no hemos subido la colegiatura, pero es como parte de un apoyo solidario. Pero el costo de eso es que en los presupuestos ya no hay más inversiones en infraestructura o equipo”, afirma la académica.

Familias con menor capacidad de pago

El encarecimiento de la educación privada ocurre en un momento en que los hogares no tienen el mismo espacio presupuestal que antes. Laudex contrasta el aumento de colegiaturas con la ENIGH: en 2016, los hogares gastaban en promedio 1,761 pesos mensuales en educación y esparcimiento, en términos reales; en 2020 el gasto cayó a 965 pesos por la pandemia; en 2022 subió a 1,445 pesos y en 2024 llegó a 1,531 pesos. El problema es que, entre 2022 y 2024, ese gasto de los hogares creció apenas 6% en dos años, mientras la colegiatura puede subir cerca de 6% cada año. Además, el gasto de 2024 todavía fue 13% menor al de 2016, descontando inflación.

Para el especialista, esto sugiere tres ajustes simultáneos: las familias recortan otros gastos, piden dinero prestado o cambian hacia escuelas más baratas. “La familia mexicana ya no le está alcanzando de la manera en que le alcanzaba hace ocho años”, sostiene Cordero.

Jonathan, director de una preparatoria incorporada a la BUAP, observa algo similar en educación media superior. Su escuela ha tenido que dar descuentos y becas para apoyar a padres de familia, pero aun así algunas familias buscan alternativas públicas, donde además pueden recibir apoyos. “Los padres buscan otras opciones, como escuelas de gobierno, donde además les dan becas. Y nos afecta”, señala. También reconoce que hay menos alumnos de nuevo ingreso que en años anteriores y que los incrementos en servicios, cuotas frente a la BUAP, procesos de admisión, impuestos, renta y nómina obligan a ajustar costos.

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Licenciaturas, el foco de presión

La presión no es igual en todos los niveles. Laudex otorga financiamientos educativos y advierte que, dentro de su propia cartera, el encarecimiento se está concentrando más en licenciatura que en posgrado. De acuerdo con datos de sus clientes, el precio promedio reportado por alumnos de licenciatura subió de 72,075 a 81,256 pesos en un año, un aumento de 12.7%. En diplomados, el alza fue de 8%, mientras que en maestrías el precio promedio bajó de 72,114 a 60,566 pesos, una caída de 16%.

La explicación es que la licenciatura tiene una demanda más firme, ya que muchas familias la consideran una etapa difícil de postergar. En cambio, una maestría puede aplazarse si el precio no cuadra. Eso da a las universidades más margen para ajustar precios en licenciatura que en ciertos programas de posgrado. Circe lo ve también como consumidora de educación continua. “Como consumidor, yo percibo que los posgrados son cada vez más inaccesibles, por los precios, están exorbitantes”, dice. En su universidad, los convenios con instituciones como Canacintra se han vuelto relevantes para seguir capacitando al personal docente.

Impacto en la calidad educativa

El encarecimiento de la educación privada no solo pega al bolsillo, también puede deteriorar las condiciones educativas por dos vías. Por un lado, familias que tienen que bajar de nivel de gasto y, por otro lado, escuelas que, al no poder trasladar todos sus costos, recortan inversión. Cuando una universidad congela colegiaturas para apoyar a sus alumnos, como relata Circe, puede terminar sacrificando mantenimiento, laboratorios o equipamiento. Cuando una preparatoria ofrece becas y descuentos para retener matrícula, como cuenta Jonathan, protege a familias, pero reduce margen financiero.

El riesgo es que se cierre aún más un embudo educativo para familias de menores recursos. Laudex advierte que solo uno de cada tres jóvenes que empieza primaria llega a la universidad, y que 6.4 millones de niños y jóvenes de 3 a 18 años están fuera de la escuela. Además, con evidencia de IMCO y PISA, el nivel socioeconómico es el predictor más fuerte del desempeño académico en México, con una brecha equivalente a tres grados escolares en matemáticas entre los hogares más ricos y los más pobres.