En la era de la inteligencia artificial (IA), el valor del aporte humano se convierte en el centro diferenciador a medida que más personas utilizan la tecnología y las organizaciones automatizan procesos. Así lo afirma Gabriela Espinosa, abogada especialista en privacidad y protección de datos, en el marco del Día de la Apreciación de la IA.
Inversión en IA en México
De acuerdo con KPMG, las empresas en México prevén invertir en promedio 171 millones de dólares en IA durante los próximos 12 meses. Además, el 31% de las compañías ya están implementando y ampliando el uso de agentes de IA. Estos datos reflejan el enorme potencial transformador de la tecnología, pero también la necesidad de construir un marco de confianza que permita innovar con certeza jurídica.
Base regulatoria existente
Si bien México aún no cuenta con una legislación integral que regule el desarrollo y uso de la IA, ya existen disposiciones normativas efectivas. Destaca la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, que reconoce el derecho de las personas a oponerse a decisiones automatizadas que puedan producir efectos jurídicos no deseados o afectar significativamente sus derechos. Asimismo, las recientes reformas a la Ley Federal del Derecho de Autor fortalecen la protección de artistas e intérpretes frente al uso no autorizado de su imagen, voz y otros elementos de su identidad mediante sistemas de IA.
Desafíos en distintos sectores
Prácticamente ninguna industria permanece ajena al impacto de la IA. En el sector salud, la IA acelera diagnósticos y optimiza la atención médica, pero plantea interrogantes sobre la responsabilidad de los diagnósticos generados y la protección de información sensible. En industrias creativas como la publicidad, el diseño, la música o el entretenimiento, la IA multiplica la capacidad de producir obras, pero vuelve indispensable responder sobre la titularidad de los derechos, el uso legítimo de contenidos para entrenar modelos y la protección de marcas y obras originales. Sectores como manufactura, transporte o desarrollo de software enfrentan retos para determinar cuándo introducir un ojo humano en el proceso.
Gobernanza y regulación
Más allá de la regulación, las organizaciones tienen la responsabilidad inmediata de establecer esquemas de gobernanza que garanticen un uso responsable de la IA. Implementar políticas internas claras, incorporar principios de transparencia, privacidad y rendición de cuentas desde el diseño de los sistemas, así como establecer mecanismos de supervisión y gestión de riesgos, es tan importante como la adopción de la tecnología misma.
Modelo basado en riesgo
La experiencia internacional demuestra que la regulación no debe frenar la innovación, sino generar confianza. La Unión Europea ha impulsado un modelo basado en niveles de riesgo, donde las obligaciones aumentan conforme crece el impacto potencial de los sistemas de IA sobre los derechos y la vida de las personas. La premisa básica es: entre más alto el riesgo sobre los derechos fundamentales (salud, vida, acceso a la justicia, empleo o crédito), mayor es la carga de obligaciones para mitigarlos.
Oportunidad para México
México tiene la oportunidad de construir un modelo que incentive la innovación sin perder de vista la protección de los derechos fundamentales, la privacidad, la transparencia y la propiedad intelectual. En la era de la IA, conforme más personas la usen y más organizaciones automaticen procesos, el valor del aporte humano constituirá el centro diferenciador.



