FOBO: el miedo a quedar obsoleto por la IA que crece en México
FOBO: el miedo a quedar obsoleto por la IA en México

Un trabajador abre una herramienta de inteligencia artificial para resolver una tarea; obtiene el resultado en minutos, pero la rapidez no necesariamente le da tranquilidad porque también le muestra que una parte de su trabajo puede hacerse en menos tiempo y eso lo hace preguntarse qué deberá aprender para conservar su lugar. El temor tiene nombre. Se conoce como FOBO, por las siglas en inglés de fear of becoming obsolete o miedo a quedar obsoleto.

La ansiedad laboral en cifras

En México, 52% de los trabajadores siente ansiedad ante la posibilidad de perder vigencia en su campo y 64% teme que su empleo actual sea afectado por la disrupción, de acuerdo con el Informe sobre el Progreso Humano 2026 de ETS. La inquietud crece porque nadie puede describir con certeza el mercado para el cual intenta prepararse. Siete de cada 10 trabajadores no tienen una imagen clara de cómo serán los empleos en 2035, aunque 78% desarrolla nuevas habilidades para proteger su futuro laboral.

La paradoja es evidente. Las personas estudian, toman cursos y aprenden a utilizar nuevas plataformas sin saber qué funciones existirán, cuáles desaparecerán ni qué nivel de dominio tecnológico pedirán las empresas. El reporte revela que 77% desconoce qué grado de alfabetización en inteligencia artificial esperan realmente los empleadores.

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Presión por adoptar IA

La presión tampoco nace solo del interés personal, ya que el 68% utiliza herramientas de IA porque considera que necesita hacerlo para competir, no necesariamente porque quiera, y 60% siente que debe adoptarlas aun cuando no está completamente cómodo con ellas. La incertidumbre coincide con las señales que emiten las propias tecnológicas. Meta comenzó en mayo un recorte cercano a 8,000 puestos, alrededor de 10% de su plantilla, después de aumentar su gasto en infraestructura de inteligencia artificial. Mark Zuckerberg atribuyó los ajustes al incremento de esas inversiones y no descartó nuevas reducciones, de acuerdo con Reuters.

Los despidos no prueban que un sistema haya sustituido directamente a cada trabajador. Sin embargo, muestran una reasignación de recursos hacia la IA y refuerzan la sensación de que las estructuras pueden cambiar antes de que las personas sepan cómo responder.

Transformación de horas trabajadas

El Estudio de adopción de IA México 2026, hecho por el IPADE, la firma Accenture y Empresas Globales, calcula que esta tecnología podría transformar 42% de las horas trabajadas en el país. La proporción alcanzaría 55% en tecnología y software, 52% en servicios financieros, 48% en telecomunicaciones y 45% en ciencias de la vida y salud.

Guillermo Bernal del Valle, director general de Empresas Globales, advierte que transformar no equivale a eliminar. “Varios de los CEO entrevistados describen que no es una sustitución masiva de personas, sino un modelo donde la inteligencia artificial libera tiempo de tareas mecánicas para hacer funciones donde el juicio y el criterio son lo más importante”, explica.

La diferencia parece pequeña, pero cambia la discusión. Un puesto reúne distintas tareas y no todas tienen la misma exposición a la automatización. La IA puede asumir una parte operativa sin borrar por completo la función, aunque sí obliga a reorganizarla y redefine el valor que aporta quien la desempeña.

Rafael Ramírez de Alba, director y profesor del área de Entorno Económico del IPADE, considera que el cambio se concentrará en las actividades. “Puede haber disrupciones muy importantes en diferentes sectores y una reorganización de tareas más que de empleos. Lo que vemos es que la tecnología está siendo un potenciador del trabajo humano, no un sustituto”, afirma.

Aprender sin una ruta clara

El problema es que pedir adaptación resulta más fácil que crear las condiciones para conseguirla. El informe de ETS señala que 89% de los trabajadores considera que capacitarse dejó de ser opcional para competir. Además, 88% cree que las certificaciones son esenciales para conservar su vigencia. Aunque 87% está interesado en programas de certificación, insignias digitales o microcredenciales, solo 37% puede acceder a ellos. Para 65% resulta difícil obtener la certificación o licencia que necesita para trabajar y 73% no sabe cuáles son reconocidas por los empleadores.

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Pero las empresas tampoco han resuelto la brecha. El estudio del IPADE, Accenture y Empresas Globales encontró que solo 31% de las organizaciones analizadas cuenta con un programa formal de capacitación en IA. Apenas 16% ha rediseñado puestos o procesos a partir de la tecnología y 24% ya considera las habilidades de IA como criterio de contratación.

La distancia entre adopción y preparación explica parte del miedo. Las compañías incorporan herramientas, pero todavía no definen con suficiente claridad cómo cambiarán las funciones, qué competencias necesitarán ni cómo ayudarán a sus equipos a desarrollarlas.

Ramírez de Alba sostiene que el rediseño del trabajo será uno de los factores más importantes y subestimados de la transformación. “No es cuestión simplemente de comprar un software y darle herramientas a la gente, sino de reconsiderar la manera en que las personas y la inteligencia artificial se complementan para lograr los resultados que estamos esperando”, señala.

Armando Díaz, managing director de la industria de productos de consumo en Accenture Latinoamérica y responsable de las iniciativas de IA de la firma en México, añade que aprender a utilizar estas plataformas requiere conocer su propósito. No basta con escribir una instrucción genérica. El usuario necesita entender qué modelo emplea, para qué fue diseñado y qué quiere obtener. El pensamiento crítico gana peso en ese proceso. Una persona debe revisar las respuestas, detectar errores, aportar contexto y decidir cómo utilizar la información. La herramienta acelera la primera parte del trabajo, pero el criterio humano determina si el resultado sirve.

El impacto en los puestos de entrada

El riesgo alcanza con mayor fuerza a los puestos de entrada. Muchas tareas repetitivas que podrían automatizarse también funcionan como una extensión de la escuela. Ahí los jóvenes aprenden cómo opera una empresa, conocen a sus clientes, cometen errores y desarrollan el criterio que después les permite asumir decisiones de mayor valor. “Si reemplazamos todas estas tareas, ganamos eficiencia en el corto plazo, pero perdemos el espacio donde se construye el talento del futuro”, advierte Bernal del Valle.

El desafío, agrega, consiste en evitar que esas funciones desaparezcan sin crear otras rutas de aprendizaje. La capacitación, por tanto, no puede reducirse a entregar licencias de software o impartir un curso de prompts. Las empresas necesitan explicar qué tareas cambiarán, rediseñar puestos, ofrecer espacios para practicar y reconocer que una parte del aprendizaje ocurre dentro del trabajo.

Para los empleados, la respuesta tampoco consiste en acumular cursos al azar. Las capacidades técnicas seguirán siendo necesarias, pero tendrán que combinarse con comunicación, pensamiento crítico, interpretación, creatividad y conocimiento del negocio. Son habilidades que permiten utilizar la IA sin entregar por completo el juicio a la herramienta.

Acorde con los expertos consultados, el nuevo miedo laboral surge por pensar que una máquina ocupará un puesto, pero nace de avanzar sin un mapa, recibir mensajes contradictorios y cargar con la responsabilidad de prepararse para trabajos que todavía no existen. La capacitación, por lo tanto, puede reducir la incertidumbre, aunque las empresas tendrán que dejar de pedir adaptación como si fuera una tarea exclusiva del trabajador.