Chichihualco lucha por mantener viva la tradición de balones artesanales
Chichihualco lucha por tradición de balones artesanales

La crisis de los balones artesanales en Chichihualco

En Chichihualco, un pueblo de la Sierra de Guerrero con poco más de 10 mil habitantes, la fabricación de balones de fútbol cosidos a mano se concentra en una familia, los Alarcón. Primos lejanos, sobrinos, cuñados y nietos siguen los pasos de su abuelo, Don Zeferino, quien logró que sus esféricos fueran pateados y atajados en las mejores canchas del país en la década de los setenta. Sin embargo, hoy la tradición enfrenta una crisis: de los 100 talleres que existían en aquellos años, apenas quedan 15.

La historia de Don Zeferino y la época dorada

Huberto Mosso, quien lleva 40 años fabricando balones, recuerda aquella época dorada: “El señor Zeferino Alarcón lo llevó a la primera división profesional, jugó en el Estadio Azteca. En aquellos años había como 100 talleres en Chichihualco. Y duele decirlo que actualmente estamos como 15 talleres trabajando”, contó a Imagen Noticias con Nacho Lozano. La tienda de Mosso poco a poco se ha tenido que transformar en ferretería.

El proceso artesanal y los nombres de los balones

En Chichihualco, el paso de los años se cuenta en nombres de balones: Star King, Eclipse, Supercrack, Fantasy, Guerrero. “Nos pareció bien Eclipse como si fuera algo atmosférico”, recuerda Cándido Alarcón, uno de los primeros baloneros del pueblo. Cada balón requiere hasta un día para ser fabricado: una hora de hilado, y las fábricas contratan a mujeres de comunidades cercanas para esta labor, pagando 23 pesos por pieza. Los balones, antes hechos de piel de vaca y ahora de vinil, enfrentan la competencia de productos chinos más baratos.

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La lucha contra la competencia extranjera

Don Cándido Alarcón, el mayor productor de balones de Chichihualco, vende al mayoreo en Tepito, Monterrey y Guadalajara, pero afirma: “Ya no tenemos la gente suficiente para que nos cosa ese producto, estamos olvidados”. La entrada de balones fabricados a menor costo ha sido clave en el declive. “Lo que nos dicen es ‘si compro uno tuyo, compro cinco chinos’, no podemos competir contra eso”, dice Carlos Alarcón, sobrino de Cándido, quien a sus 23 años ha heredado el oficio.

El impacto de los mundiales y el futuro incierto

En mundiales pasados, Chichihualco vendía hasta 3 mil balones a la semana; hoy apenas logra vender 500 piezas. “Todos estábamos esperanzados a que iba a abrir puertas el Trionda, iba a abrir mercado y pues la verdad nos ha decepcionado”, insiste Carlos. Don Cándido se plantea cambiar el proceso: “Definitivamente al rato a lo mejor tenemos que vulcanizar también nosotros el balón”. La tradición de coser balones a mano en Chichihualco, que marcó la historia del fútbol mexicano, lucha por sobrevivir ante el olvido del mercado y la falta de relevo generacional.

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