En Paseo de la Reforma, entre vendedores ambulantes, un pato con jersey de la Selección Mexicana y calcetas que protegen sus patas del pavimento caliente se volvió viral sin estrategia de marketing, publicidad ni inversión en medios. Merlín, como se llama, acompañaba los fines de semana a Karla Gómez y su hijo Christian mientras vendían botellas de agua. No era una mascota que se quedaba en casa; caminaba con ellos, convivía con clientes y formaba parte del negocio familiar.
El fenómeno viral que conquistó redes y marcas
Durante el Mundial, aficionados grabaron a Merlín y las imágenes se multiplicaron en redes sociales. En días, pasó de recorrer Reforma a aparecer en millones de pantallas en México y el extranjero. Netflix lo invitó a sus oficinas en la Ciudad de México; Volaris lo usó para generar expectativa en un anuncio; IHOP México lanzó un menú "pa-todos" inspirado en él, y el Atlante lo nombró miembro honorario. Ninguna marca creó el fenómeno; todas se sumaron a un momento cultural ya existente.
Según Emplifi, entre el 23 de febrero y el 24 de junio, 7,424 menciones generaron más de cinco millones de interacciones y aproximadamente 4,500 millones de impresiones potenciales. Instagram concentró la mayor cantidad de interacciones positivas, Estados Unidos registró el mayor engagement y la tendencia alcanzó picos de 216 menciones diarias.
La disputa por la marca: ¿de quién es un fenómeno viral?
La fama atrajo oportunistas. En días aparecieron solicitudes para registrar la marca "Pato Merlín" ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), aunque el personaje ya era identificado públicamente con la familia Gómez. El caso escaló a debate nacional sobre quién puede apropiarse de un fenómeno viral, y las autoridades intervinieron para respaldar el registro a favor de sus verdaderos propietarios. Merlín llegó a la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, y el influencer Poncho de Nigris ofreció más de 500,000 pesos por comprarlo, oferta que la familia rechazó por considerarlo un integrante más del hogar.
El alcance fue tal que la FIFA invitó a la familia a grabar en el Estadio Azteca. Aunque Merlín no pudo quedarse a ver el partido por restricciones de ingreso de animales, ya había trascendido las calles de Reforma. Miles de aficionados lo adoptaron como mascota no oficial del Mundial, y su imagen circuló globalmente.
Lecciones para emprendedores: proteger la marca antes del éxito
El caso del Pato Merlín ilustra un patrón común en historias virales: primero llegan seguidores, colaboraciones y oportunidades de negocio; después surge la pregunta de quién es dueño de la marca. Aurora López-Portillo, directora de Servicios Legales de ClarkeModet, advierte: "Cuando algo empieza a hacerse muy popular, genera valor, pero también riesgo. Siempre va a ser mucho más fácil prevenir que reaccionar cuando ya tienes un problema encima".
La especialista señala un error frecuente: "Muchos piensan: primero vendo, primero la uso y luego ya la registro. El problema es que cuando decides registrarla ya invertiste, ya tienes público, ya tienes redes sociales y ya estás haciendo un posicionamiento". Aunque el IMPI actuó con celeridad en este caso, los intentos de apropiación de marcas virales son comunes, aunque no siempre alcanzan exposición pública y suelen resolverse por vía administrativa o judicial.
La buena noticia es que presentar primero una solicitud no convierte automáticamente a alguien en dueño de una marca. Si existe uso previo comprobable, las empresas pueden defender sus derechos con facturas, campañas publicitarias, publicaciones en redes sociales y otras evidencias fechadas. El proceso de registro tarda entre cuatro y seis meses, por lo que dejar el trámite para cuando el negocio ya ganó notoriedad aumenta el riesgo de disputas justo cuando la marca empieza a generar valor. "Proteger una marca no es un tema legal; es un tema de negocio, porque al final estás protegiendo tu inversión, tu reputación y el crecimiento futuro de tu empresa", concluye López-Portillo.



