La primera ronda formal de revisión del T-MEC concluyó con saldo positivo en Ciudad de México. Los representantes de México y Estados Unidos abordaron reglas de origen, acero y aluminio, así como seguridad económica regional. La segunda ronda será en Washington en junio y la tercera en julio. Hay razones genuinas para el optimismo, tanto por el tono constructivo de esta primera ronda como por las señales alentadoras. El escenario más probable sigue siendo el de continuidad y no el de ruptura.
El valor del T-MEC en el reordenamiento global
El tratado funciona porque la integración productiva de América del Norte es real, profunda y costosa de revertir: más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos y casi el 16% de las importaciones de Estados Unidos provienen de México, más que de Canadá o China. Desmantelar el andamiaje comercial que sostiene esa relación no le conviene a nadie.
Sin embargo, hay una conversación que debería estar ocurriendo en esas mesas de negociación. Las rondas de revisión se están concentrando en industrias que tienen voz propia, como automotriz, acero o energía; sectores enormes que cuentan con representación técnica, cabildeo activo en Washington y capacidad para hacer sentir su peso. Esa voz es legítima y necesaria, pero hay otro actor que mueve una parte considerable de las exportaciones mexicanas y que raramente aparece en los titulares: las pequeñas y medianas empresas exportadoras.
Las pymes: el tejido invisible de las exportaciones
Más del 95% de las empresas en México son pymes. Aunque su participación directa en las exportaciones es limitada, el papel de varias miles de pymes que son maquiladoras, procesadoras y proveedoras dentro de las cadenas de valor que sí exportan es determinante. Son el tejido invisible que conecta la producción nacional con los grandes flujos comerciales que dominan las estadísticas. El tratado que se está revisando hoy no les está preguntando qué van a requerir mañana.
Lo que las pymes necesitan no es complicado de articular: precisan de reglas de origen más accesibles. La certificación de origen bajo el T-MEC se simplificó respecto al TLCAN, pero sigue siendo un proceso que exige capacidad técnica y administrativa que muchas pymes no tienen. Una pyme que no puede certificar correctamente el origen de sus productos paga aranceles que sus competidores no pagan, y esa brecha se convierte en la diferencia entre ganar o perder un contrato.
Financiamiento adaptado al ciclo exportador
Las condiciones de financiamiento adaptadas al ciclo exportador también han cambiado. Las pymes en México están operando con plazos de pago de 60, 90 o hasta 120 días, pero necesitan pagar a sus proveedores mucho antes. Sin liquidez en ese intervalo, el pedido internacional se convierte en un problema en vez de una oportunidad.
El Capítulo 25 del T-MEC dedica un apartado específico a las pymes, que describe varios compromisos de cooperación, asistencia técnica y simplificación. Es un avance, pero entre el compromiso en papel y la realidad que vive una empresa mediana exportadora en Jalisco, Querétaro o Coahuila hay una distancia que la revisión de 2026 podría empezar a cerrar.
La oportunidad en el calendario de revisiones
La buena noticia es que el calendario de revisiones todavía lo permite. La segunda ronda incorpora temas de agricultura y competencia equitativa. La tercera, en julio, está orientada al cierre de puntos pendientes. Hay espacio para que la agenda pyme entre a la conversación, no como un apéndice sino como un componente central de lo que significa modernizar el tratado.
México tiene hoy una posición negociadora mejor que hace un año. El reordenamiento arancelario global destacó el valor del tratado y la primera ronda confirmó que hay voluntad de avanzar. Que esa voluntad se traduzca en un T-MEC que también funcione para las pymes en México y no solo para los enormes sectores industriales sería la diferencia entre renovarlo y realmente mejorarlo.



