A un mes del derrame de hidrocarburo en el litoral veracruzano, la franja costera vive una escena contradictoria: mientras comunidades y colectivos ambientales siguen reportando restos de contaminante, la llegada de turistas repuntó en municipios como Pajapan, Mecayapan y Tatahuicapan.
Durante los últimos días de marzo, visitantes ocuparon playas y balnearios pese a que brigadistas y pescadores continuaban retirando material impregnado de hidrocarburo. En redes y testimonios locales, algunos turistas describieron playas “limpias”, mientras otros reportaron manchas oscuras en la arena y residuos adheridos a la piel.
Las autoridades estatales advirtieron que “el turismo no se detuvo” y que las labores de limpieza avanzan. Sin embargo, habitantes de la región sur señalan que la emergencia no ha sido plenamente reconocida y persisten afectaciones económicas para pescadores y prestadores de servicios.
Colectivos ambientales advierten que, aunque la superficie luzca despejada, los impactos en sedimentos y fauna requieren monitoreo continuo. Autoridades municipales y operadores turísticos han promovido la llegada de visitantes para evitar un desplome económico, generando tensiones entre la necesidad de ingresos y la exigencia de una evaluación científica independiente.
A un mes del incidente, la costa veracruzana se mueve entre dos relatos: el de la recuperación acelerada y el de la emergencia persistente. Pobladores se preparan para la Marcha por el Mar y la Laguna el 5 de abril en Pajapan, exigiendo respuestas sobre el derrame.
Destinos como Costa Esmeralda y Tuxpan mantienen una afluencia turística significativa, con altas ocupaciones hoteleras. La continuidad en la llegada de visitantes convive con la incertidumbre ambiental, mientras persisten dudas sobre la magnitud real del impacto y la capacidad institucional para contenerlo.



