Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia: Un Análisis Crítico Más Allá de la Celebración
Este 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una iniciativa promovida por la UNESCO desde hace una década con el objetivo de impulsar vocaciones científicas y visibilizar el trabajo femenino en este campo. Sin embargo, en el ecosistema académico mexicano, surge una necesidad urgente: desmitificar y "desromantizar" esta fecha. No se trata solo de aplaudir la presencia de mujeres en laboratorios, sino de analizar profundamente las estructuras de oportunidad, la diversidad de pensamiento y las barreras sistémicas que aún persisten, limitando el acceso y desarrollo de las niñas en la ciencia.
Perspectivas de Investigadoras Mexicanas: Un Llamado a la Reflexión
Para profundizar en esta reflexión, reunimos las perspectivas de tres destacadas Investigadoras por México, quienes desde la biología, la geología y las ciencias sociales ofrecen una visión crítica sobre la importancia de promover las vocaciones científicas en las niñas mexicanas.
Diversidad como Herramienta de Supervivencia Científica
La doctora Ángela Camargo Sanabria, bióloga con maestría en el INECOL y doctorado por la UNAM, actualmente comisionada a la Universidad Autónoma de Chihuahua, sostiene que la inclusión de las niñas en la ciencia no es solo una cuestión de equidad, sino de eficacia científica. Desde su experiencia en el estudio de la biodiversidad, Camargo traza un paralelismo fascinante entre la naturaleza y la academia, destacando que la diversidad es una "generadora" de valor.
"La naturaleza nos da la lección de que la diversidad es buena... En los espacios académicos y educativos, la diversidad de personas, de géneros y de opiniones es fundamental", afirma. Su argumento central radica en el potencial de resolución de problemas: limitar la diversidad en grupos de investigación reduce directamente la visión con la que se abordan las problemáticas. En un mundo enfrentando crisis ambientales, sociales y económicas sin precedentes, Camargo advierte que restringir el acceso de las mujeres a la ciencia es, en última instancia, limitar nuestras probabilidades de supervivencia y progreso.
Oportunidad y Exposición: Rompiendo el Mito del Genio Solitario
Por su parte, la doctora Beatriz Díaz Bravo, geóloga y doctora en Ciencias de la Tierra con especialidad en Geoquímica y Petrogénesis por la UNAM, actualmente investigadora en el Instituto de Geología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, aporta una visión necesaria para romper con el mito del "genio solitario". Díaz enfatiza que la vocación científica no es un don místico con el que se nace, sino que está pavimentada por dos factores clave: exposición y oportunidad.
"Cuando hablo de una exposición, no me refiero nada más a ver a figuras científicas reconocidas, sino que pienso en algo más básico, como tener un contacto real con la experiencia de lo que es investigar, de lo que hace la ciencia o de qué se trata", explica. Su análisis sugiere que muchas niñas no se convierten en científicas por falta de capacidad intelectual, sino porque nunca han estado expuestas a la investigación o no han tenido las herramientas para acceder a ese mundo. Promover la vocación es, ante todo, un acto de democratización del conocimiento y de apertura de puertas institucionales.
Desigualdad Estructural: El Entorno que Frena las Aspiraciones Científicas
Sarai Miranda Juárez, doctora en Estudios de Población por El Colegio de México e investigadora adscrita a El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), aporta la lente sociológica indispensable para entender el entorno en el que crecen las futuras científicas. Miranda trabaja directamente con las realidades del sureste mexicano, enfocándose en temas de violencias de género y desigualdad.
Para la científica social, la ciencia no ocurre en un vacío: para que una niña aspire a ser investigadora, primero deben atenderse las condiciones estructurales que la rodean. La desigualdad económica y las violencias sistémicas actúan como inhibidores directos de cualquier aspiración académica. "En estas sociedades adultocéntricas las niñas no tienen el suficiente poder para que por ellas mismas hagan una carrera científica y, como dice Beatriz, se convierte en el recorrido de caminos excepcionales. Es por eso que el Estado y la sociedad deben poner las condiciones para que eso suceda", señala.
Además, Miranda relata experiencias de violencia sutil en el ámbito académico, como el plagio de ideas, donde colegas varones repiten sus opiniones sin darle crédito. "Eso es el pan de todos los días en este sistema: Los colegas, por más que digan que están preparados, no están listos para que las mujeres sean una potencial competencia para ellos", afirma.
Conclusión: Un Compromiso Estructural Más Allá del 11 de Febrero
El testimonio de Camargo, Díaz y Miranda converge en un punto fundamental: el 11 de febrero no debe ser un día de felicitaciones vacías, sino de compromiso estructural. Se insta a valorar la diversidad como una herramienta de supervivencia técnica, crear puentes de oportunidad y exposición real, y erradicar las violencias que frenan el potencial humano.
La ciencia mexicana del futuro depende de la capacidad del sistema para desmitificar la figura del investigador(a) y convertirla en una posibilidad tangible para cada niña, independientemente de su origen o contexto social. Ángela Camargo finaliza enfatizando la importancia de compartir con todas las infancias que ellos pueden incidir en la reparación del mundo a través de la ciencia. "Hay que compartirles el mensaje de que el futuro del mundo, el presente y el futuro está en sus manos, y que si hay problemas no todo está perdido, que mientras tengamos esperanza se mantiene un motor para seguir adelante", concluye.