El Desafío Ético de la Tutoría Doctoral: Evaluando Proyectos y Compromiso
Desafío Ético en Tutoría Doctoral: Proyectos y Compromiso

La Responsabilidad Ética en la Tutoría de Doctorados en Medicina

Como cada semestre, la semana pasada participé como sinodal en los exámenes de ingreso a un posgrado de medicina para realizar un doctorado. En este ejercicio fundamental, el alumno presenta la propuesta de trabajo que pretende desarrollar para elaborar una tesis que justifique la obtención del grado doctoral. Durante la evaluación, es crucial que el candidato demuestre una comprensión clara y profunda del fundamento de su investigación propuesta.

Los Pilares de una Propuesta Doctoral Sólida

El aspirante debe mostrar un conocimiento detallado del estado del arte en su área de estudio, identificando con precisión qué aspectos permanecen desconocidos y por qué es importante investigarlos. Además, necesita articular cómo la generación de nuevo conocimiento contribuirá al avance del campo científico. La claridad en la metodología y las estrategias para abordar el problema, junto con las alternativas posibles, constituyen elementos esenciales de la evaluación.

No se exige dominio absoluto de las metodologías, ya que su aprendizaje forma parte del proceso doctoral, pero sí es fundamental que el estudiante demuestre una comprensión básica de las mismas. Estas presentaciones no solo permiten evaluar al alumno, sino que también arrojan luz sobre la calidad de quien será su tutor, ya que el proyecto es generalmente propuesto y diseñado por este último.

La Disyuntiva entre Alumno y Tutor

Frecuentemente, los alumnos recién egresados de licenciatura, especialmente de medicina donde la formación en investigación científica es limitada, poseen un conocimiento escaso sobre diseño experimental. Sin embargo, no es raro encontrar estudiantes talentosos que comprenden bien el tema, pero cuya propuesta de tesis doctoral carece de originalidad, resulta insuficiente para justificar un doctorado, o presenta un diseño deficiente que pone en riesgo el desarrollo del proyecto.

Esta situación genera una preocupación genuina: una vez que un alumno inicia el doctorado, recibe una beca y cuenta con un tiempo limitado para obtener el grado. Si no lo logra, enfrentará problemas serios en su carrera académica y profesional. La disyuntiva ética se vuelve palpable: ¿Debe reprobarse a un buen alumno porque la propuesta de su tutor es de baja calidad? En tal caso, el reprobado sería el tutor, pero quien está siendo evaluado formalmente es el estudiante.

Por otro lado, aprobar a un buen alumno con una tesis de mala calidad tampoco es deseable. Una posible solución sería hacer comentarios críticos sobre las deficiencias del proyecto, aunque el tutor puede optar por ignorarlos. En mi experiencia, en un par de ocasiones he logrado que alumnos busquen un tutor más adecuado, guiados por colegas o estudiantes de mayor rango, con resultados muy positivos.

El Caso del Tutor a Distancia y el Bienestar Estudiantil

La semana pasada surgió una situación particularmente reveladora. Una alumna presentó su propuesta de tesis doctoral para ser realizada en un Instituto de Salud en la Ciudad de México, pero su tutor, aunque de nacionalidad mexicana, vive y trabaja en una universidad fuera del país. Este escenario plantea interrogantes profundas sobre la calidad de la tutoría.

Estudios realizados por la revista Nature con más de 3,700 estudiantes de doctorado a nivel mundial (Nature, 646:1013, 2025) demostraron que el principal factor asociado al bienestar de los doctorantes es el tiempo que el tutor les dedica semanalmente. La investigación concluye que mientras menor sea el contacto entre tutor y alumno, menor será el bienestar del estudiante.

La Tutoría como Compromiso Integral

La responsabilidad de formar un doctor en ciencias es inmensa. En mi caso personal, estoy en mi laboratorio todos los días. La interacción con mis alumnos de doctorado es diaria, intensa y prolongada. Nos reunimos para planear experimentos, discutir ciencia, revisar artículos, resolver dudas e, incluso, para conversar sobre una película, el partido de la NFL del domingo o alguna anécdota personal.

Yo no aceptaría ser tutor de un alumno de doctorado mediante videoconferencia una hora a la semana. La formación doctoral requiere un acompañamiento cercano, constante y comprometido. Ante el caso descrito, la pregunta queda abierta: ¿Qué haría el amable lector en esta situación?