El declive político de un exrector universitario
En julio del año pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció el primero de varios respaldos públicos a Juan Ramón de la Fuente, una figura vinculada al gobierno anterior que fue colocada en una secretaría para la cual no estaba preparado ni capacitado. Durante una mañanera llena de rumores sobre cambios inminentes, Sheinbaum reconoció el trabajo de su empleado en la cancillería, cubriéndolo de elogios y barnizándolo con su empatía característica. Un año después, lo despidió con palmaditas en la espalda, en un gesto que refleja su salida discreta del cargo.
Una gestión opaca y sin brillo mediático
La gestión de De la Fuente en la Secretaría de Relaciones Exteriores fue descrita como opaca, deslucida y carente del despliegue mediático que solía utilizar para construir su imagen exitosa. Durante su rectoría en la UNAM, impulsó la inclusión de la universidad en listados internacionales de excelencia académica, como el top 100, y promovió logros deportivos, como el doble campeonato en fútbol nacional con apoyo de Carlos Slim. Sin embargo, en su rol gubernamental, no logró replicar ese impacto, y su labor pasó casi desapercibida, sin la cobertura de medios como Televisa o El Universal que antes aprovechaba.
Silencio ante críticas y conflictos
Uno de los momentos más controvertidos ocurrió cuando un egresado de la UNAM criticó públicamente a la institución, fustigándola con dureza. En ese momento, De la Fuente, quien representaba a México en las Naciones Unidas en Nueva York, guardó un silencio conveniente, sin defender su Alma Mater ni expresar orgullo alguno. Este episodio contrasta con su anterior habilidad para exponer diagnósticos nacionales desde la tribuna universitaria, donde su palabra tenía peso y enjundia.
Incluso ante comentarios del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en una conferencia matutina aseguró que "no actúo de mala fe" pero insistió en que la UNAM "sí requiere una sacudida", De la Fuente se hizo pequeño, sin recuperar la estatura de su propaganda anterior. Según el escritor Gonzalo Celorio, Premio Cervantes y conocedor de la vida universitaria, durante su rectoría, De la Fuente fue conciliador y concesivo, dando cabida a grupos críticos en la administración, pero incumplió promesas, como la realización de un Congreso Resolutivo nunca llevado a cabo.
Promesas incumplidas y colaboración futura incierta
Al anunciar su renuncia, Sheinbaum expresó: "Lo conocí cuando fue rector de la UNAM. Tuvimos nuestros conflictos, yo como del movimiento estudiantil y él como rector, pero nos queremos mucho, le reconozco el gran trabajo que ha hecho, y él me ha prometido que va a seguir colaborando con nosotros". Sin embargo, esta promesa de colaboración futura resulta enigmática, dado su historial reciente. Durante la pandemia, como exsecretario de Salud, permaneció en silencio mientras colegas como José Narro alertaban sobre la catástrofe sanitaria. En la cancillería, apoyó nombramientos polémicos, como el de Hugo López-Gatell en Ginebra, y contribuyó al desprestigio nacional en designaciones de embajadores.
Hoy, De la Fuente alega problemas de espalda como motivo de su salida, pero algunos especulan que, con el tiempo, quizá le duela más la conciencia por su gestión fallida. Su trayectoria marca un declive desde los días de gloria en la UNAM hasta un paso discreto y criticado en el gobierno federal, dejando preguntas sobre su legado y futuro en la política mexicana.



