Marx Arriaga y la cruda realidad del poder: el difícil desalojo de la SEP
Los expertos en los efectos del alcohol suelen describir tres etapas en una borrachera: primero, la euforia con cantos y bailes regionales; luego, la distorsión de la realidad con exaltaciones de amistad; y finalmente, la negación de la realidad, donde el individuo se aferra a un lugar gritando "esta casa es de mi amigo y de aquí nadie me saca". Curiosamente, con las borracheras del poder sucede exactamente lo mismo, pero con una diferencia crucial: mientras el borracho común no le cuesta a los contribuyentes, las embriagueces de poder nos resultan extremadamente costosas cada sexenio.
El espectáculo de un aferramiento al poder
El reciente episodio protagonizado por Marx Arriaga, quien se negó a abandonar su oficina en defensa de un modelo educativo que él mismo diseñó, sirve como un claro ejemplo de cómo el poder, especialmente cuando se adquiere de manera súbita, puede embriagar más que el sotol y hacer perder toda noción de la realidad. Arriaga pretendía defender lo que consideraba la herencia de Andrés Manuel López Obrador, sin comprender que la única heredera legítima del expresidente es Claudia Sheinbaum, pues ella es quien actualmente detenta el poder ejecutivo.
Quienes más dificultades tienen para aceptar que López Obrador ya no es presidente son aquellos que creyeron que la Cuarta Transformación (4T) representaba una revolución genuina, y no simplemente un eslogan de gobierno pasajero. Como señalan analistas, nadie en su sano juicio puede evaluar una historia que aún no ha sucedido, pero fanáticos como Arriaga pensaron que estaban reescribiendo la historia antes de que ésta ocurriera.
La lucha por la narrativa y el modelo educativo
Que la 4T se consolide como un periodo histórico depende en gran medida de controlar lo que se denomina "la narrativa", un concepto que, dicho sea de paso, ha sido cada vez más vulgarizado por la clase política. No es casualidad que uno de los elementos que más defiende el "autor intelectual" de la llamada Nueva Escuela Mexicana sea el prólogo escrito por López Obrador, como si esto tuviera un valor educativo intrínseco.
Si bien el modelo educativo impulsado por Arriaga puede tener ciertas virtudes, el problema radica en creer que él mismo personifica ese modelo y que cualquier modificación constituye una traición. No solo se percibe como una traición a una transformación que, en el mejor de los casos, está en proceso, sino también a un "héroe de la Patria" cuya obra aún no ha sido juzgada completamente por la historia, y a la que, por cierto, cada día se le descubren más defectos.
La cruda realidad tras la borrachera del poder
Nadie advirtió a estos "jóvenes" que llegaron al gobierno con López Obrador que, en el ejercicio del poder, al igual que con la bebida, lo más difícil es enfrentar la resaca, y peor aún, la cruda realidad. Lo único que logró Marx Arriaga con su difícil desalojo del inmueble fue enfurecer a la presidenta Sheinbaum, ya que su borrachera de poder terminó en el momento en que llamó a los maestros a la rebelión, cruzando una línea que resultó inaceptable para la actual administración.
En resumen, este episodio subraya cómo las dinámicas políticas en México pueden verse distorsionadas por el embriagador efecto del poder, dejando lecciones sobre la importancia de adaptarse a los cambios y reconocer los límites de la influencia personal en un sistema gubernamental en constante evolución.