De alumno a docente: una vida dedicada a la enseñanza en la UNAM
De alumno a docente: vida dedicada a la enseñanza

Cursaba el último año de la licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuando decidió que quería dar clases. Con el desparpajo propio de la juventud, se acercó al Dr. Salvador García Alcocer, titular de la materia de Teoría General del Proceso, y se ofreció como adjunto. El doctor tuvo la gentileza de aceptar. Esto ocurrió en 1996, y desde entonces ha ejercido la docencia sin interrupción.

Las tres pasiones de un docente

Leer, escribir y dar clase son las tres actividades que más disfruta, y están íntimamente relacionadas. Quien lee siente la necesidad de transmitir lo aprendido, y quien da clase sueña con escribir un libro. Él ha tenido la suerte de lograr las tres cosas, y por el mundo vagan algunos libros suyos a los que desea que sean útiles.

Los inicios en la enseñanza

Comenzó como profesor cuando aún se usaban proyectores de transparencias; aún conserva las primeras que utilizó. Tuvo la fortuna de ser muy joven docente en posgrado, donde buena parte de su grupo era de mayor edad, lo que le permitió aprender de otras experiencias. Le enseñaron que una clase tiene tres momentos: recapitular lo visto en la sesión anterior, exponer el tema correspondiente y anunciar el asunto de la siguiente ocasión. Esta división le sigue pareciendo válida y útil.

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Preparación y aprendizaje

La docencia debe ir acompañada de una preparación sistemática y un conocimiento real de la materia. No se debe dar clase de lo que no se conoce. Aprendió de docentes excelentes, pero también de los malos, y tal vez más de estos últimos, porque la imitación de los ídolos impide el desarrollo de la propia personalidad. De los malos docentes (en masculino porque no recuerda una profesora mala) tomó nota de lo que no quiere ser: un profesor que ponga el grado como barrera, que use el conocimiento para presumir o que se sienta más inteligente que sus estudiantes.

La filosofía de enseñar

En una entrevista, Jorge Luis Borges contó que su padre le dijo: "nadie puede enseñarle nada a nadie". No sabe si la frase es correcta, pero en las clases de Doctorado considera que su función es mostrar ideas, textos y corrientes, dejando que los estudiantes escojan su camino, que puede ser distinto del suyo. En licenciatura, cree que sí se debe enseñar en el sentido clásico, pues los alumnos deben aprender las bases de una disciplina, el manejo de cierto lenguaje y el entendimiento de relaciones nuevas.

Relación con los estudiantes

No cree en docentes que quieren alumnos eternos, más como seguidores que como iguales. Le emociona encontrarse con antiguos estudiantes que comparten con él un foro, debatiendo en absoluto pie de igualdad. Un día después del Día del maestro y la maestra, agradece a todas las personas que lo formaron. Algunas tienen nombre y apellido, otras son apenas un rostro borroneado, pero todas son queridas y merecen su profundo respeto. Gracias a quienes le enseñaron y a quienes le permiten aprender a su lado.

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