Un reconocimiento universitario que evoca tiempos de reconstrucción
Recientemente, el Consejo Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México otorgó el título de profesor emérito a Fernando Serrano Migallón, una distinción que no solo celebra su trayectoria intelectual en el Derecho Constitucional y la historia de México y España, sino que también revive memorias de una época crucial para la máxima casa de estudios.
El encuentro en el MUCA y los ecos del pasado
Hace poco más de dos años, durante la inauguración de la exposición "El llamado de Apolo" en el Museo Universitario de Ciencias y Artes, el autor de este texto se reencontró con Serrano Migallón. El evento, presidido por el rector Leonardo Lomelí, sirvió como escenario para un momento cargado de simbolismo, donde las trayectorias de ambos se entrelazaron nuevamente después de décadas.
Fernando Serrano Migallón había sido director de la Facultad de Derecho durante los años formativos del autor, específicamente cuando este cursaba la licenciatura y enfrentaba la asignatura de Derecho Constitucional. Su relación se forjó en el complejo contexto posterior a la huelga estudiantil más prolongada que haya vivido la UNAM, un periodo donde la institución luchaba por recomponer su tejido social interno y restaurar su prestigio externo.
Una relación marcada por tensiones y objetivos comunes
La dinámica entre director y estudiante fue, según el relato, compleja y frecuentemente tensionada. "Nuestra relación fue compleja y en no pocas ocasiones estuvo marcada por tensiones, divergencias y enconos", describe el autor. Estas diferencias surgían principalmente de visiones contrapuestas sobre el papel que debía jugar la Facultad de Derecho en el doble reto de reconstrucción universitaria.
Sin embargo, un profundo amor por la UNAM y el compromiso compartido de sacar a la institución de "la negra noche" del paro de nueve meses actuaron como fuerza unificadora. "A ambos nos unía un amor profundo por la Universidad", afirma el texto, destacando que, pese a los desacuerdos, siempre primaron los intereses de la Facultad y su comunidad.
Del examen profesional a la invitación docente
La relación académica culminó cuando Fernando Serrano presidió el sínodo que otorgó al autor su título de licenciado en Derecho. En un giro significativo, al día siguiente, Serrano Migallón extendió una invitación para incorporarse como profesor en la asignatura de Teoría General del Estado, materia que el autor había disfrutado profundamente durante su carrera.
"Curiosidades de la vida: de la mano de Serrano terminé mi etapa como estudiante, habiendo sido él el último profesor que me evaluó y también de su mano inicié mi carrera como profesor universitario", reflexiona el autor, quien dos décadas después continúa al frente de esa misma materia.
El emotivo reencuentro y la designación reciente
Durante el reencuentro en el MUCA, tras la reciente designación del autor como Director General de Atenencia a la Comunidad por parte del rector Lomelí, se produjo un intercambio cargado de emotividad. Serrano Migallón ofreció felicitaciones y buenos deseos, a lo que el autor respondió con una disculpa por su comportamiento "insoportable" como estudiante.
La respuesta del ahora profesor emérito fue reveladora: "ese era el papel que a mí me tocaba jugar como joven y que a él como Director le había correspondido el de ser como fue y decidir lo que decidió". Este momento permitió una comprensión más profunda de aquellos años turbulentos y del papel que cada uno desempeñó desde sus respectivas trincheras por un bien común: la Universidad.
Un reconocimiento a la congruencia y generosidad universitaria
El nombramiento de Fernando Serrano Migallón como profesor emérito representa más que un reconocimiento académico; es la confirmación pública de su calidad humana y carácter humanista. El texto lo describe como "un universitario congruente en su pensar, decir y actuar y generoso con su Facultad, sus maestros y sus alumnos".
Este homenaje cierra un círculo que comenzó en medio de la adversidad post-huelga, pasó por momentos de tensión y colaboración, y culmina con un legado perdurable en las aulas y la comunidad universitaria. ¡Felicidades, querido Maestro! se exclama al final, celebrando a uno de los "hijos predilectos que la Universidad parió en el siglo XX".