Somos polvo de estrellas: astrofísico mexicano destaca el origen cósmico de la vida
Somos polvo de estrellas: astrofísico explica origen cósmico

Somos polvo de estrellas: el origen cósmico de la vida según un astrofísico mexicano

Para el astrofísico mexicano José Eduardo Méndez Delgado, la misión Artemis II de la NASA representa un parteaguas fundamental para el conocimiento humano y nuestra supervivencia como especie. En una entrevista exclusiva, el investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM profundiza en la conexión íntima entre la vida en la Tierra y el ciclo de las estrellas.

El legado estelar en cada organismo

Todo lo que está vivo en nuestro planeta contiene fragmentos de estrellas. El carbono que forma nuestras células, el oxígeno que respiramos, el nitrógeno de la atmósfera, el azufre en los minerales y el cloro que consumimos en la sal, todos estos elementos tuvieron su origen en el universo, específicamente en estrellas o en las explosiones que marcan su muerte. "Por eso se dice que somos polvo o cenizas de estrellas", afirma Méndez Delgado.

Antes de convertirse en materia viva, los componentes de cada organismo terrestre, como el calcio de los huesos o el carbono de las células, pasaron por una o varias generaciones de estrellas que nacieron en esta región específica del cosmos. El científico invita a reflexionar: "Es súper interesante preguntarse por cualquier cosa que uno pueda ver, un trozo de madera, ¿qué habrá sido de ese pedazo de carbono? ¿Cuál ha sido la estrella que le dio origen?".

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La química como registro de la historia cósmica

Para comprender la formación y evolución de las galaxias, es crucial entender a fondo su composición química. Saber cuánto oxígeno o nitrógeno hay permite deducir cuántas generaciones de estrellas nacieron y murieron. Méndez Delgado explica que estos elementos pesados no se formaron al inicio del universo; requirieron de estrellas para originarse en alguna parte del cosmos.

La explicación científica parte del Big Bang, que generó únicamente los elementos más ligeros: hidrógeno y helio. El resto de la tabla periódica, incluyendo hierro, carbono, calcio y fósforo, tuvo que ser sintetizado en el interior de las estrellas, a lo largo de generaciones sucesivas que se extendieron por miles de millones de años.

Para el investigador, la composición química de una galaxia es el registro de su historia estelar, es decir, cuántas generaciones de estrellas nacieron, cuánto tiempo vivieron y qué elementos se dispersaron al morir. La longevidad de una estrella está determinada por su masa: las más grandes consumen su combustible nuclear rápidamente, acortando su ciclo de vida.

"Las estrellas más masivas son como las rockstars del universo, viven poco y queman mucho y dejan un bello cadáver", describe Méndez Delgado. Aquellas con más de ocho veces la masa del Sol mueren en explosiones de supernova, eyectando al espacio interestelar elementos como oxígeno, argón y silicio. Estos fenómenos fertilizan el medio del cual surgirán nuevas estrellas y planetas.

En contraste, el Sol es una estrella de masa intermedia con miles de millones de años de vida por delante. Cuando agote su combustible, no explotará, sino que expulsará sus capas externas gradualmente, formando una nebulosa planetaria alrededor de un núcleo compacto, una enana blanca. Este ciclo continuo de enriquecimiento químico hace posible que cada generación de estrellas produzca elementos más pesados, permitiendo eventualmente la formación de planetas y las condiciones para la vida.

Nebulosas: el origen del sistema solar

Entre la muerte de una estrella y el nacimiento de otra se encuentran las nebulosas, nubes de gas, polvo y material molecular dispersas en el espacio interestelar. Son las estructuras donde se forman nuevas estrellas y sistemas planetarios, explica Méndez Delgado.

La nebulosa de Orión, la región de formación estelar más cercana a la Tierra, a unos mil 300 años luz de distancia, es uno de los laboratorios naturales más estudiados. Las estrellas más calientes que se forman en su interior ionizan el gas circundante, produciendo emisiones luminosas visibles. Recientemente, el telescopio James Webb detectó en esa misma nebulosa planetas en formación en un entorno cargado de radiación, donde no se esperaba encontrarlos.

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"Eso nos deja entrever que no conocemos todavía todos los detalles de la formación de los planetas… Hay mucho conocimiento afuera esperando ser descubierto", señala el astrofísico. Nuestro propio sistema solar se originó de una nebulosa hace aproximadamente cuatro mil 600 millones de años. Para Méndez Delgado, entender cómo nació nuestra galaxia es parte de la búsqueda fundamental de comprender nuestro origen y el lugar que ocupamos en el universo.

Artemis II y la supervivencia humana

La misión Artemis II, la primera tripulada del programa Artemis de la NASA, que llevará a cuatro astronautas alrededor de la Luna como paso previo a un eventual regreso a la superficie lunar, es vista por Méndez Delgado como un parteaguas en el conocimiento del espacio.

"Sin duda, creo que Artemis va a ser un parteaguas de nuestro propio conocimiento y, sin duda, me emociona, porque uno crece con estas historias de la exploración espacial, con la idea de descubrir lo nuevo, de estar presente, de sentir qué es lo que hay afuera de nuestro planeta y entender nuestro propio lugar en el cosmos", expresa el científico.

El astrofísico traza un paralelo con el lema plus ultra —"más allá"—, que guió la expansión española en el siglo XVI, y lo proyecta como impulso permanente de la especie humana hacia lo desconocido. "Para mí es un paso importante que debemos dar como humanidad, es un paso muy emocionante para todos los que crecimos en la ciencia del espacio, sobre todo, explorar y extender nuestras capacidades de supervivencia", añade.

Para Méndez Delgado, quien recién ganó el Premio Princesa de Girona Internacional en Investigación 2026, el programa Artemis "eventualmente puede ser un salvavidas para nuestra propia especie, entender lo que está allá afuera". Sobre la posibilidad de ver en vida una comunidad humana establecida fuera de la Tierra, reconoce que su perspectiva ha cambiado: "Hace dos años hubiera dicho que quizás no. Desde 2022, las cosas están avanzando de manera exponencial. Ya no estoy completamente seguro de que mis ojos no lo vean".