Betty Hernández: arte y restauración para visibilizar a los afromexicanos en Oaxaca
Betty Hernández, artista que rescata la voz afromexicana

Betty Hernández Nicolás, originaria de El Tamal en Pinotepa Nacional, costa de Oaxaca, ha consolidado una trayectoria artística única que fusiona la gráfica contemporánea con la restauración profesional de patrimonio cultural. Nacida el 24 de febrero de 1985, la creadora utiliza su obra para documentar la fauna local, como cocodrilos y armadillos, así como la vida cotidiana, bailes y costumbres de las familias afros, buscando desmentir estigmas históricos sobre la identidad negra en México.

Formación artística y mentoría espiritual

El interés de Hernández por las artes plásticas se consolidó durante su educación básica, específicamente cuando asistió, en quinto grado de primaria, al primer taller de pintura en el Centro Cultural Cimarrón, ubicado en la comunidad de El Ciruelo. Este espacio educativo fue fundamental para su desarrollo, ya que estaba dirigido por el sacerdote trinitense Glyn Jemmott Nelson, figura clave que la animó a continuar su carrera artística.

Nelson, quien fundó la asociación México Negro, buscaba que las comunidades afros accedieran a la biblioteca y a talleres de pintura para fomentar el autoconocimiento y alejar a la población negra de roles laborales exclusivos como peones. "Un sacerdote negro era una novedad. Indígenas y negros estábamos acostumbrados a ver sacerdotes blancos. Cuando la gente lo vio, decía que no era sacerdote, que los negros jamás llegaban a serlo", recuerda Hernández sobre la recepción social de su mentor en aquella época.

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Fue precisamente bajo la guía de Nelson, en 2003, que Hernández viajó a la capital oaxaqueña para ingresar a la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Cuatro años después, egresó como instructora de Artes Plásticas. Durante sus estudios universitarios, contó con el acompañamiento de maestros destacados como Mario Guzmán, grabador veracruzano radicado en Oaxaca, y Rosendo Pinacho, artista plástico reconocido por poseer el récord del mural de cerámica más grande realizado por un mexicano en el extranjero.

Crítica a la terminología oficial y defensa de la identidad

En su producción gráfica, Hernández prioriza la observación profunda de leyendas, mitos e historias recogidas en mercados, fiestas y parques de El Tamal. Sin embargo, su trabajo también implica una crítica política y social respecto a la nomenclatura oficial. La artista señala que, aunque ella se identifica orgullosamente como negra, ni la academia ni la clase política consideran esta denominación como correcta, argumentando que podría detonar discriminación.

"Entonces se acordó llamarnos afromexicanos o afrodescendientes, pero eso es un eufemismo", afirma Hernández. Esta postura refleja su lucha continua por visibilizar a las mujeres afromexicanas y rechazar términos que, según su criterio, diluyen la realidad histórica y racial de la comunidad. Su obra sirve como un testimonio visual de esta resistencia identitaria.

Especialización en restauración patrimonial

A partir de 2014, Hernández incursionó en el campo de la restauración tras una invitación de una compañera, disciplina que no había sido enseñada durante su formación académica inicial. "No sabía qué era la restauración, porque no me lo enseñaron en la escuela. Entré a la restauración de pura casualidad, pero con todo el interés de aprender", explica. Hoy, se distingue como la única artista afro oaxaqueña que participa activamente en la restauración de templos y murales.

Su enfoque profesional se centra en el rescate de edificios históricos y pinturas antiguas mediante técnicas reversibles que preservan la integridad material de las obras. "Me parece extraordinario analizar los materiales originales, frenar humedades o daños por sismos, limpiar con mucho cuidado y usar técnicas reversibles para devolver la estabilidad y la belleza al patrimonio cultural sin falsear la historia", detalla la especialista.

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La generación de artistas formada en el Centro Cultural Cimarrón, impulsada por la organización México Negro, ha logrado exhibir sus trabajos en galerías de la ciudad de Oaxaca, en diversas partes del país y en el extranjero. Esta red de apoyo continuó promoviendo el reconocimiento de los derechos de los afromexicanos y mejorando sus condiciones de vida, permitiendo que la voz del pueblo negro fuera audible públicamente por primera vez en estos espacios culturales.