El humilde origen napolitano
La historia de la pizza comienza en el siglo XVIII en Nápoles, Italia. En esa época, la ciudad portuaria era una de las más pobladas de Europa y albergaba a una gran cantidad de trabajadores de bajos recursos, conocidos como lazzaroni. Estos necesitaban alimentos baratos, fáciles de consumir y energéticos. Los panaderos locales crearon panes planos con manteca, sal y ajo. Contrario al mito popular, la pizza no nació con tomate. Cuando el tomate llegó de América en el siglo XVI, los europeos lo consideraban venenoso por pertenecer a la familia de las solanáceas. Fueron los napolitanos más pobres quienes, desafiando el miedo, comenzaron a añadirlo a sus panes planos, dando origen a la pizza.
El salto a la realeza
Durante décadas, la pizza fue un secreto de las clases bajas. Todo cambió en junio de 1889, cuando el rey Umberto I y la reina Margherita de Saboya visitaron Nápoles y pidieron probar el platillo local. Se convocó al pizzero Raffaele Esposito, de la Pizzería Brandi, quien preparó tres variedades. La preferida de los monarcas fue la que combinaba tomate, mozzarella y albahaca fresca. La reina quedó fascinada, y Esposito bautizó su creación como Pizza Margherita, elevando un alimento callejero a orgullo nacional.
La pizza cruza el Atlántico
Si Nápoles le dio el alma, Estados Unidos le otorgó la distribución masiva. A finales del siglo XIX y principios del XX, millones de inmigrantes italianos llevaron sus recetas a Estados Unidos. En 1905, Gennaro Lombardi abrió la primera pizzería con licencia oficial en Manhattan: Lombardi's. Sus pizzas, cocinadas en hornos de carbón, dieron origen al estilo neoyorquino de costra crujiente pero flexible, diseñada para doblarse y comerse al caminar.
La Segunda Guerra Mundial como catalizador
El verdadero impulso llegó con la Segunda Guerra Mundial. Los soldados aliados que combatieron en Italia regresaron a casa con antojo de pizza. La demanda explotó, y para satisfacerla, la pizza se industrializó: se usaron hornos de gas, ingredientes estandarizados y surgieron franquicias como Pizza Hut y Domino's. Así, la pizza se consolidó como el rey del fast food global.
El regreso a la tradición
En 1984 se fundó en Nápoles la Associazione Verace Pizza Napoletana (AVPN), sin fines de lucro, para defender la auténtica pizza napolitana frente al fast food. El esfuerzo rindió frutos en 2017, cuando la UNESCO declaró el arte de los pizzeros napolitanos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Hoy se busca recuperar las raíces originales de la pizza, recordando que conecta a trabajadores portuarios, reyes, soldados y repartidores. La próxima vez que abra una caja de pizza, recuerde que su historia va más allá de la comida rápida.



