Proteger polinizadores exige transformar gestión ambiental en CDMX
Proteger polinizadores exige transformar gestión ambiental

La disminución de abejas, mariposas, murciélagos, colibríes y otros polinizadores no debe verse como un problema menor ni como un tema que sólo interese a científicos o ambientalistas. Es un asunto que afecta directamente la biodiversidad de la Ciudad de México y que tiene consecuencias sobre la producción de alimentos, la conservación de las áreas verdes y la capacidad de la ciudad para enfrentar el cambio climático.

Función indispensable de los polinizadores

Los polinizadores cumplen una función indispensable: transportan el polen entre las flores y hacen posible que muchas plantas puedan reproducirse. Gracias a ellos se producen frutos y semillas, se regeneran árboles y jardines, y se mantiene el equilibrio de los ecosistemas. En otras palabras, realizan un trabajo silencioso del que depende buena parte de la producción de alimentos en el campo y de la vida que nos rodea en la ciudad.

Sin embargo, en la Ciudad de México cada vez tienen menos oportunidades para sobrevivir. La pérdida de áreas verdes, la tala de árboles maduros, la reducción del suelo de conservación, el uso de plaguicidas, la sustitución de plantas propias de nuestra región por especies meramente decorativas y el aumento de las temperaturas han convertido a la ciudad en un lugar cada vez menos apto para ellos.

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Áreas verdes con función ambiental

Por eso no basta con presumir el número de parques, jardines o camellones que existen; también es importante preguntarnos si realmente ayudan a conservar la vida. Un jardín lleno de pasto o de plantas ornamentales puede verse bonito, pero aportar muy poco alimento para las abejas, las mariposas o los colibríes. Las áreas verdes deben estar pensadas para cumplir una función ambiental, utilizando plantas nativas y manteniendo conectados los espacios donde estos animales puedan alimentarse, refugiarse y reproducirse.

Ley para el Fomento Apícola y la Conservación de Polinizadores

En ese contexto, la reciente entrada en vigor de la Ley para el Fomento Apícola y la Conservación de Polinizadores de la Ciudad de México representa un paso importante. Por primera vez, en la capital del país se reconoce a las abejas y a otros polinizadores como especies de protección prioritaria, debido al papel fundamental que desempeñan en la conservación de la naturaleza y en la producción de alimentos.

La nueva ley también reconoce algo que muchas veces pasa desapercibido: la polinización es un proceso esencial para garantizar la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Además, declara de interés público prevenir y atender la muerte de abejas y otros polinizadores causada por plaguicidas y agroquímicos; impulsa la restauración de sus hábitats, la creación de jardines para polinizadores, el apoyo a la apicultura y el fortalecimiento de la investigación científica y la educación ambiental.

De la ley a la acción

Sin embargo, aprobar una ley es apenas el primer paso. Su verdadero éxito dependerá de que se convierta en acciones concretas y, para ello, la Secretaría del Medio Ambiente deberá implementar estrategias para identificar y proteger las poblaciones de polinizadores, mientras que las alcaldías tendrán que considerar su conservación en la poda, reforestación, mantenimiento de parques y control de plagas, privilegiando el uso de plantas nativas y la creación de espacios que realmente favorezcan la biodiversidad.

Asimismo, será indispensable vigilar el uso de plaguicidas y garantizar que el crecimiento urbano considere el impacto sobre las áreas verdes y los hábitats de estas especies. Proteger a los polinizadores significa entender que una ciudad moderna también necesita naturaleza para funcionar.

Ahora que la Ciudad de México cuenta con un marco legal para proteger a esas especies, corresponde a las autoridades convertir el compromiso en acciones concretas.

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