Los sistemas de supervisión remota basados en inteligencia artificial, conocidos como proctoring, no pueden controlar lo que ocurre fuera del campo de visión de la cámara, lo que pone en entredicho la seguridad de los exámenes de admisión aplicados desde casa, según Eduardo Backhoff Escudero, especialista en evaluación educativa e integrante de la Comisión Técnica que analiza el proceso de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Backhoff, presidente de Métrica Educativa, A.C., explicó que estos sistemas se apoyan en dos canales: el visual y el auditivo. La cámara observa el rostro, los ojos y los movimientos dentro de su campo de visión, mientras el audio identifica sonidos o voces en el entorno. Sin embargo, el problema radica en aquello que queda fuera de ese campo.
Vulnerabilidades fuera del encuadre
El especialista señaló que un teléfono colocado detrás de una computadora, una cámara en otra habitación o la posibilidad de que otra persona responda desde un espacio no observado pueden comprometer la prueba. “Si tú pones un celular pegado atrás de tu laptop, es decir, atrás de la cámara, pues tú no estás viendo nada”, explicó.
Además, el riesgo aumenta cuando una prueba se aplica a miles de personas en diferentes turnos con preguntas iguales o similares. Un aspirante podría memorizar reactivos y compartirlos o venderlos a quienes presenten después. “Imagínate cuánto dinero vale una pregunta a miles de estudiantes”, planteó. Por ello, consideró indispensable usar diferentes versiones y aleatorizar el orden de preguntas y respuestas.
Falsos positivos y privacidad
Otro problema son los falsos positivos: conductas que el sistema identifica como sospechosas sin serlo. En una vivienda pequeña con niños, mascotas o ruido del tráfico, el estudiante puede no tener control sobre el entorno. También hay condiciones personales como tics o dificultades de atención que una máquina podría malinterpretar.
Backhoff añadió la preocupación por la privacidad, ya que estos sistemas pueden recopilar datos biométricos como imágenes del rostro, ojos y voz.
Comparación con exámenes presenciales
El especialista, con décadas de experiencia en exámenes digitales presenciales, destacó que en un examen presencial la institución controla el espacio, identifica a los aspirantes y supervisa las condiciones. En casa, ese control desaparece. Aunque el modelo remoto es “fácil, más barato y menos trabajo”, reconoció que “la contra es que es más inseguro”.
Para Backhoff, la tecnología no sustituye la supervisión humana. “Cada vez que hay una manera de controlar, hay otra o dos maneras de burlar”, afirmó. Recomendó combinar tecnología con controles humanos, aplicación presencial, distintas versiones del examen, aleatorización y verificación de identidad.
Transparencia y futuro
La crisis también dejó una lección institucional: transparentar resultados y reconocer errores. Backhoff elogió a la UNAM por publicar sus resultados y admitir el problema. “Algo bueno que decir de la UNAM es eso: tuvo la capacidad de publicar los resultados y también la valentía de decir: ‘nos equivocamos, hubo aquí un problema’”.
El futuro de los exámenes de admisión no pasa por abandonar la tecnología, sino por reconocer sus límites y priorizar la certeza académica sobre la comodidad de aplicar desde casa.



