El reciente examen de admisión en línea de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha desatado una controversia por presuntas irregularidades, incluyendo la venta clandestina de respuestas y la contratación de una empresa externa cuestionada. El análisis de Humberto Musacchio revela un contexto histórico y estructural que explica las fallas del proceso.
Origen de los exámenes de admisión en la UNAM
Los exámenes de admisión en la UNAM fueron implementados por el rector Ignacio Chávez en 1964. Hasta entonces, las instituciones de educación superior cubrían la demanda, pero el crecimiento poblacional, con tasas varias veces superiores a las actuales, generó un desequilibrio. Tradicionalmente, muchos jóvenes de los estados se trasladaban a la capital para ingresar a la Normal, el Politécnico y, sobre todo, a la UNAM, debido a que las opciones locales no ofrecían instalaciones ni profesorado comparables.
Contexto demográfico y educativo de los años 60
En la década de 1960, la educación superior privada representaba apenas el 3.6% del total, accesible solo para quienes podían pagarla. Instituciones como la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey y el ITAM aún no alcanzaban el prestigio que obtendrían después. La presión demográfica llevó a la creación de la Preparatoria Popular en 1968, impulsada por grupos estudiantiles de Ciencias Políticas y Filosofía, para recibir a quienes no aprobaban el examen de admisión. No existe una evaluación formal de sus resultados académicos.
Respuestas estatales en los años 70
Fue hasta la década siguiente cuando el Estado implementó políticas para reducir la natalidad, poniendo anticonceptivos al alcance de todas las mujeres. Simultáneamente, se abrieron nuevas opciones educativas como el Colegio de Bachilleres, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Pedagógica Nacional. A pesar de que muchas personas tienen aptitudes en áreas no académicas, la educación profesional sigue siendo una aspiración legítima, y la UNAM es la institución más demandada por su antigüedad, prestigio, infraestructura y producción científica, que hasta hace poco representaba más de la mitad de la investigación del país.
El fallido examen en línea
El reciente examen de admisión se realizó a distancia, permitiendo a los aspirantes responder desde su computadora. Esto introduce un sesgo discriminatorio, ya que no todos los hogares cuentan con el equipo o la conexión necesarios. Además, no existen mecanismos efectivos para supervisar el examen ni evitar trampas. Se ha denunciado que el examen y sus respuestas se vendían clandestinamente, lo que explica el desastre. La UNAM contrató a la empresa Territorium Life, favorecida por contratos con instituciones públicas, incluido el INE, al que no se le han entregado nuevas credenciales de elector. De ser cierto, esto sugiere corrupción, sobre todo porque la UNAM cuenta con personal altamente calificado en programación y podría haber realizado el examen internamente, pero optó por gastar decenas de millones de pesos en un proceso fallido.
Propuestas y responsabilidades
Los responsables deberán rendir cuentas. Especialistas recomiendan repetir el examen de forma presencial en los próximos días. La UNAM tiene los recursos para actuar de manera autónoma, sin depender de contratistas externos. Aunque se argumente que es costoso, el daño al prestigio de la institución y al país sería mayor si se insiste en una fórmula que propicia el fraude. La Universidad Nacional Autónoma de México y su rector, el doctor Leonardo Lomelí Vanegas, quien llegó con credenciales impecables, no deben asumir el desprestigio por lo ocurrido. Es urgente corregir la situación.



