La geografía del mango en Veracruz se encoge año con año. Lo que hace 25 años fueron 35 mil hectáreas sembradas —que colocaban al estado como líder nacional en la variedad Manila— hoy se reducen a 10 mil, una caída de 70% que no se explica por una sola causa, sino por la suma de un clima cada vez más errático, precios castigados por intermediarios y un modelo productivo que depende de una sola cosecha anual, cada vez más incierta.
Cosecha 2026 se retrasó casi un mes
El presidente del Comité Estatal Sistema Producto Mango Veracruz A. C., Guillermo Palmeros Marín, confirmó que la cosecha 2026 se retrasó casi un mes, un desfase que se repite en los estados del Pacífico y que altera toda la cadena comercial. Las variedades Manila, Ataulfo, Tommy Atkins, Kensington y los criollos presentaron floraciones tardías y volúmenes menores. En años anteriores, la producción fuerte se concentraba en abril y mayo; este año, se corrió a junio y julio.
El retraso no tiene una explicación única. En las zonas bajas de Actopan, donde existen unidades de riego por gravedad, el agua no ha sido un problema. En la zona alta sí ha llovido. Las raíces, como recuerda Palmeros, “hacen su trabajo”.
Invierno sin frío afecta la floración
Pero el invierno 2025–2026 prácticamente no registró temperaturas bajas, y sin frío suficiente la floración se desacomoda, brota tarde y reduce el rendimiento. La producción adelantada con nitrato existió, pero fue mínima y se vendió rápido. Mientras tanto, en tiendas y mercados el kilo de mango osciló entre 35 y 55 pesos, en abril y mayo, porque eran cosechas de Guerrero, pero el precio empezó a bajar en junio cuando la producción veracruzana comenzó a brotar.
Para los productores, el problema no es el precio al consumidor, sino la ecuación completa. Una hectárea de mango ofrece siete toneladas en promedio; en Actopan, donde hay tecnología y riego, pueden ser 10 a 15 toneladas. Aun así, la cuenta no alcanza cuando la cosecha es una sola vez al año, depende del clima y está sometida a los precios impuestos por los coyotes, que acaparan y fijan condiciones.
Reconversión hacia cultivos más rentables
Por eso, la reconversión agrícola avanza. En Actopan, donde antes había cinco mil hectáreas de mango, hoy apenas quedan 2 mil 500. El resto se transformó en malanga, maracuyá, limón y chayote, cultivos que permiten ingresos más rápidos y están menos expuestos a los caprichos del clima. La malanga, en particular, se volvió tan rentable que el municipio es ya primer productor nacional. Los productores lo dicen sin rodeos: para una sola cosecha de mango al año, con retrasos, pérdidas por viento, floraciones débiles y precios bajos, “no vale la pena”.
En cambio, el tubérculo tiene tres períodos cultivables y cuentan con el mercado para colocar la cosecha, aunque también les juega “las contras” el que su captación de agua sea mucho más exigente que con los árboles de mango.
Coatepec: mango criollo con atraso mayor
En el caso de Coatepec es aún más ilustrativo: el mango criollo presenta un atraso mayor y la cosecha apenas comenzó a salir. Los frentes fríos recientes dejaron vientos del norte prolongados que pudieron afectar la floración. En 2024, la producción estatal fue de 15 mil toneladas; este año, ni siquiera hay estimación.
En Actopan, la Feria del Mango —que se celebró del 28 al 31 de mayo— persiste como símbolo de identidad y memoria agrícola desde 1975. Pero detrás de la fiesta, la realidad es otra, porque el mango ya no lidera la economía local, y la región se reorganiza hacia cultivos que responden mejor a un clima impredecible y a un mercado que exige ingresos constantes, no una apuesta anual.
La historia del mango en Veracruz se reescribe, no por falta de tradición, sino porque el clima y la economía dejaron de alinearse. A pesar de ser un fruto muy apreciado, los productores le apuestan a la adaptación para sobrevivir a los cambios, por muy duro que esto sea, pues consideran que en estos tiempos y con el clima la balanza es muy frágil.



