Después de permanecer suspendido durante casi seis años, el avistamiento de luciérnagas ha regresado al Parque Ejidal San Nicolás Totolapan, ubicado en la alcaldía Magdalena Contreras. Este fenómeno natural, que se manifiesta con destellos amarillos entre los oyameles, arbustos y capas de hojarasca, está siendo gestionado por comuneros y autoridades locales como una herramienta educativa sin comprometer la integridad del ecosistema.
Regulación estricta para proteger el hábitat
La observación de estos insectos se realiza específicamente en el Mirador de la Virgen, dentro del suelo de conservación de la capital. Para mitigar el impacto humano, el acceso está sujeto a registro previo, reservación y límites estrictos de visitantes. Esta medida es crucial, ya que la presencia masiva de personas puede compactar el suelo, dañar la hojarasca y alterar los niveles de humedad esenciales para la supervivencia de las luciérnagas.
Humberto Adán Peña Fuentes, director general de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corena), explicó que la existencia de estas poblaciones depende de la presencia de bosque, humedad, infiltración de agua y materia orgánica. "La comunidad ha protegido los árboles y ha conservado este territorio durante generaciones", afirmó Peña Fuentes, destacando que la topografía del lugar, con sus barrancas y variaciones de altitud, favorece la concentración de humedad necesaria.
México, segundo país en diversidad de especies
Peña Fuentes resaltó que las luciérnagas funcionan como indicadores de la salud forestal. A nivel global, México ocupa el segundo lugar en número de especies de estos coleópteros debido a la variedad de sus ecosistemas. En la Ciudad de México, la geografía única permite que se concentren diversas especies. Durante la temporada de lluvias, cuando el suelo conserva la humedad, es cuando se generan las condiciones óptimas para su reproducción y visibilidad nocturna.
Aline Venegas, bióloga del Ejido de San Nicolás Totolapan, confirmó que en la zona se han detectado al menos tres especies del género Photinus. En total, se han registrado 17 especies de luciérnagas en la entidad. Según señaló Venegas, en los últimos dos años se ha incrementado el número de avistamientos en distintos parajes, resultado directo de las labores de restauración ambiental implementadas.
Esfuerzos de restauración y contexto histórico
Las actividades de conservación incluyen reforestación con plantas nativas, recuperación de terrenos, mantenimiento de brechas cortafuego, levantamiento de copas y vigilancia contra asentamientos irregulares. Estos esfuerzos son financiados mediante el programa de Áreas de Restauración y Conservación Ambiental Comunitaria, donde Corena entrega recursos a los núcleos agrarios.
La relación entre los habitantes del Valle de México y las luciérnagas tiene siglos de antigüedad. El "Vocabulario en lengua castellana y mexicana", publicado por fray Alonso de Molina en 1571, ya registraba los términos nahuas "copitl" e "icpitl" para referirse a estos insectos. El Códice Florentino también contiene representaciones históricas de ellos.
Investigaciones científicas continúan ampliando el conocimiento sobre la fauna local. Un estudio de 2020 de especialistas de la UNAM describió 37 especies nuevas del centro del país, dos de ellas provenientes de la Ciudad de México. Además, en 2024 la Secretaría del Medio Ambiente capitalina reportaba 17 especies registradas. Investigaciones recientes han localizado ejemplares no descritos en el Bosque de Chapultepec, mientras que en Ecoguardas, el Bosque de Tlalpan y el Ajusco se desarrollan actividades educativas e interpretativas.
Amenazas actuales y recomendaciones
Las principales amenazas para la supervivencia de las luciérnagas incluyen la pérdida de hábitat, incendios forestales, uso de pesticidas y contaminación lumínica. Las luces artificiales, flashes y pantallas interfieren con las señales luminosas que utilizan los adultos para aparearse.
Venegas estableció recomendaciones claras para los visitantes: respetar los senderos marcados, no capturar insectos, evitar el uso de lámparas intensas, retirar todos los residuos y mantener a las mascotas con correa para prevenir alteraciones en el suelo y la vegetación. Aunque la visibilidad de los destellos es temporal, la permanencia de las luciérnagas confirma la existencia de refugios de vida silvestre en la capital, aunque evidencia la fragilidad de estos espacios ante la expansión urbana.



