Tráfico ilegal, principal causa de muerte de delfines amazónicos en Ecuador
Tráfico ilegal mata delfines amazónicos en Ecuador

Un collar elaborado con dientes de delfín rosado puede alcanzar un precio de 125 dólares en un mercado artesanal de la Amazonía ecuatoriana. Su venta, realizada de forma discreta y bajo pedido en la mayoría de los casos, constituye el eslabón final de una cadena de tráfico ilegal que se ha convertido en la principal causa de muerte de estos mamíferos en Ecuador.

Así lo revela un estudio publicado en la revista científica Neotropical Hydrobiology and Aquatic Conservation en abril de 2026, que identificó y describió las amenazas directas e indirectas que afectaron a las poblaciones del delfín rosado (Inia geoffrensis) y del delfín gris (Sotalia fluviatilis) entre 2015 y 2025. La investigación, liderada por el biólogo de la conservación Víctor Utreras, documentó 50 muertes de delfines de río en ese periodo: 44 rosados y seis grises.

El tráfico ilegal: la principal amenaza

El estudio, realizado con la participación de WWF Ecuador y el Instituto Nacional de Biodiversidad, señala que el tráfico ilegal causó la muerte de 26 delfines, lo que representa el 52% del total registrado. De estos, 23 fueron delfines rosados y tres grises. “La principal amenaza se ha ido manteniendo a lo largo del tiempo, que es la cacería directa de los delfines con la finalidad de obtener dientes y grasa”, explicó Utreras a Mongabay Latam.

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La captura incidental en redes de pesca fue la segunda causa de mortalidad, con el 28% de los casos. El resto se atribuyó a motivos desconocidos, colisiones con embarcaciones y eventos climáticos extremos. Los autores advierten que la degradación de hábitats y las sequías extremas podrían representar a largo plazo una amenaza aún mayor, capaz de poner en riesgo la supervivencia de los delfines en la Amazonía ecuatoriana.

La cifra de 50 muertes es considerada un subregistro, debido a la dificultad de conocer todas las mortalidades en el ecosistema amazónico, por lo que la magnitud real podría ser mayor. Ambas especies están clasificadas como En Peligro Crítico en la Lista Roja de Mamíferos de Ecuador.

Cacería motivada por tradición y necesidad económica

Para recabar la información, los investigadores recorrieron cientos de kilómetros a lo largo de ríos en el norte y centro de la Amazonía ecuatoriana, donde habitan los delfines de río en Ecuador. Utreras explicó que en el sur no hay distribución, pues es una zona de cordillera que no presenta las características de ríos amplios y menos correntosos que necesitan estos animales.

También realizaron entrevistas con 20 líderes comunitarios y 40 pescadores indígenas, así como talleres con 60 guías naturalistas de la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno y del Parque Nacional Yasuní. Además, revisaron expedientes judiciales y visitaron ferias y mercados en nueve ciudades amazónicas.

En comunidades indígenas de los ríos Shiripuno, Tiwino y alto Cononaco, el equipo documentó usos de partes de delfín, incluidos dientes, huesos, ojos y vulvas, en rituales de atracción sexual y de buena suerte en la cacería o la pesca. Entre 2015 y 2019 se registraron nueve muertes por caza dirigida, pero la tendencia se agravó entre 2020 y 2024, cuando se contabilizaron 17 casos, casi el doble del lustro anterior. En el último periodo, seis delfines rosados y un delfín gris fueron hallados decapitados, una práctica asociada a la extracción de dientes.

Los investigadores relacionan este incremento con los efectos económicos de la pandemia de Covid-19. Miembros de comunidades indígenas asentadas a la ribera de los espacios de vida de los delfines de río contaron a los autores que las dificultades económicas de ese periodo los llevaron a dedicarse a la cacería. “La magnitud de este incentivo económico es notable”, escribieron los investigadores.

Un delfín rosado adulto tiene entre 92 y 140 dientes. A partir de los precios registrados en mercados, entre 25 y 50 dólares por diente, se estima que la venta de un solo animal puede generar entre 2300 y 7000 dólares.

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Del río a la venta en ferias y mercados

El río Curaray fue identificado como la zona con la mayor incidencia de caza dirigida. “Cuando hicimos la expedición en el Curaray, acampamos en 7 u 8 comunidades, y en todas nos dijeron que cazaban delfines para uso tradicional y venta”, relató Utreras. Al explorar los mercados, los vendedores corroboraron que esa es la principal zona de extracción.

Los dientes se venden individualmente o en collares y se usan como amuletos con supuestas propiedades afrodisíacas. La grasa se vende envasada en pequeños frascos y se emplea en la medicina tradicional, aunque sin efectos comprobados, de acuerdo con Utreras. Se registró venta ilegal en mercados y ferias de las nueve ciudades amazónicas visitadas, siendo las de mayor incidencia Puyo y Coca, capitales de las provincias de Pastaza y Orellana, respectivamente.

La venta también se realizó a través de redes sociales. El Ministerio de Ambiente y Energía entregó información a los investigadores que documenta que en los últimos cinco años identificaron 25 publicaciones relacionadas con la venta de dientes de delfín rosado. Según el estudio, tres personas fueron procesadas judicialmente en Coca por la venta de partes de delfín: dos casos por dientes de delfín rosado y uno por un cráneo de delfín gris. Al tratarse de especies en peligro de extinción en el país, los procesos derivaron en sentencias con prisión y multas.

“[La cacería dirigida] es algo muy particular que vemos en Ecuador. La comercialización de partes del cuerpo de delfines ocurría hace muchos años en Colombia o Brasil, pero actualmente no es una amenaza en otros países”, dijo Fernando Trujillo, director científico de la Fundación Omacha, en Colombia. Aseguró que las amenazas más comunes en el resto de la cuenca están asociadas a la presencia de hidroeléctricas que impiden la libre movilidad y a la pesca incidental.

Pesca incidental y malas prácticas turísticas

Los delfines caen en redes de pesca cuando se acercan para alimentarse de los peces capturados, contó Utreras. “Con el incremento de la población amazónica, ha habido más actividad de pesca y ha crecido paulatinamente la mortalidad de delfines”, señaló. En muchas ocasiones, los pescadores ven a los delfines como competidores, así que si caen en las redes, los matan.

A esto se suma, dijo Trujillo, que hay una disminución generalizada del recurso pesquero en toda la cuenca del Amazonas. Como solución, se trabaja en acuerdos de pesca en diferentes países de la región. En Ecuador, el esfuerzo se inició hace cinco años, de acuerdo con el líder del estudio. Entre otros, los pescadores aprenden sobre la importancia de la especie y a liberarlos cuando quedan atrapados en las redes.

“Los delfines son importantes porque juegan un papel fundamental en los ecosistemas acuáticos”, dijo Utreras. Explicó que son como los jaguares, pero en el agua, ya que capturan animales viejos o enfermos, manteniendo sanas las poblaciones de peces de las que se alimentan.

Se estima que en la Amazonía ecuatoriana hay unos 250 delfines rosados, mientras que hay menos de 20 delfines grises. “Las poblaciones son extremadamente bajas”, destacó Utreras, por lo que la muerte de un solo delfín tiene un impacto importante. Estos mamíferos tienen además una importancia económica para las comunidades que realizan actividades turísticas.

El estudio documentó malas prácticas de turismo fluvial durante la observación de delfines, como embarcaciones que se acercan demasiado a los animales, motores a alta velocidad en zonas con crías, alimentación deliberada con peces y contacto directo. Esto también se busca mitigar a través de talleres dirigidos a guías turísticos, con base en un protocolo de observación y buenas prácticas.

Sequías y degradación de hábitats

La amenaza que más les preocupa a largo plazo son las sequías cada vez más intensas y prolongadas. En agosto de 2023, los investigadores registraron la primera muerte de un delfín rosado asociada a una sequía extrema en Ecuador, en la laguna Jatuncocha, en el Parque Nacional Yasuní.

“Durante la sequía en Manaus, Brasil, murieron alrededor de 330 delfines de río. Más que la población total de delfines de Ecuador. Ahí uno se puede dar cuenta del impacto que puede tener una sequía extrema en la Amazonía”, resaltó Utreras. En Ecuador, la Amazonía norte es la más vulnerable. En esa zona, los investigadores realizarán talleres dirigidos a guardaparques del Yasuní y del Cuyabeno para que sepan cómo reaccionar ante un escenario extremo. Por ejemplo, aprenderán a transportar a delfines que se hayan quedado aislados en lagunas o brazos de río a zonas con más profundidad y agua más fresca.

El equipo científico también documentó degradación de hábitats por descargas de aguas residuales, agroquímicos de monocultivos como la palma aceitera, derrames de hidrocarburos, minería aurífera y tráfico fluvial.

Planes para conservar a los delfines

Los autores recuerdan que la Amazonía ecuatoriana representa solo el 1.6% de la cuenca amazónica total y que las poblaciones de delfines de río en el país ocupan el límite occidental de su distribución regional, en ríos más estrechos y corrientes más rápidas que en la llanura amazónica.

“Ecuador tiene densidades bajas comparadas con los países vecinos. Como hay tan pocos animales, podría haber una extinción completa. Ecuador es un sitio donde hay que reforzar las medidas de conservación de los ecosistemas acuáticos”, resaltó Trujillo.

Los científicos recomiendan fortalecer la gobernanza y la capacidad institucional de control, desarrollar alternativas económicas sostenibles para las comunidades locales e implementar programas de educación ambiental culturalmente pertinentes, además de las acciones directas de conservación.

“[El estudio] proporciona evidencia clave para priorizar las acciones de conservación a nivel nacional”, dijo a través de un comunicado de prensa el Instituto Nacional de Biodiversidad, al que están afiliados varios de los autores del artículo.

Utreras mantiene la esperanza de conservar a la especie en el país. “Hace 30 años, unas pocas personas sabían que había delfines de río, ahora mucha gente los conoce, hay comunidades que saben que no tiene sentido matar a los delfines para obtener sus partes y hay pescadores con conciencia de pesca comunitaria responsable”, dijo.

Trujillo también se mantiene positivo y celebra que Ecuador, junto a Brasil, Colombia y Perú, sea parte del Plan para Conservar los Delfines ante la Comisión Internacional Ballenera. El experto colombiano coordina el plan, que arrancó en 2021. “Los delfines no reconocen fronteras, los del Putumayo recorren las aguas de los cuatro países, son fronteras abiertas, se mueven con libertad, las medidas de conservación tienen que ser regionales”, señaló.

Ecuador también es parte de la Iniciativa de Delfines de Río de Sudamérica (SARDI, por sus siglas en inglés), que reúne a siete países amazónicos con el fin de conservar a una especie considerada sombrilla, es decir, que con su carisma permite proteger los ecosistemas fluviales y las cientos de especies que albergan.