La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF han emitido una advertencia urgente respecto a la desinformación que rodea la alimentación infantil en México. El organismo internacional ha identificado y catalogado más de 100 mitos y creencias erróneas que circulan cotidianamente entre familias, influencers en redes sociales e incluso personal del sector salud, las cuales obstaculizan la práctica adecuada de la lactancia materna.
Los datos epidemiológicos reflejan una situación crítica: únicamente el 34.2% de los bebés menores de seis meses en el país recibe lactancia materna exclusiva. Esta cifra se sitúa muy por debajo de la meta global establecida por la OMS para el año 2030, la cual busca alcanzar un 70% de cobertura. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2021-2023) confirma que más del 27% de los recién nacidos son alimentados con fórmulas comerciales u otros líquidos desde sus primeros días de vida, lo que representa un riesgo significativo para la salud pública.
Desmitificando creencias comunes sobre la producción láctea
El manual especializado que UNICEF México presentará próximamente aborda con evidencia científica rigurosa estas falsedades. Una de las aseveraciones más frecuentes es la idea de que el tamaño del pecho determina la capacidad de producir leche. Tanto la OMS como UNICEF recalcan que la producción depende exclusivamente del tejido glandular mamario, no del volumen o tamaño del seno. Asimismo, se desmiente el uso de cerveza para aumentar la producción láctea; el alcohol, de hecho, disminuye la eyección de leche y puede transmitirse al bebé, afectando su desarrollo.
Otro punto crucial aclarado por la organización es que amamantar no debe ser doloroso. Si existe dolor persistente, esto suele indicar un problema técnico en el agarre que requiere orientación especializada inmediata. También se refuta la noción de que el calostro no nutre; por el contrario, esta primera leche es vital porque aporta nutrientes, factores inmunológicos y elementos de crecimiento esenciales para el recién nacido.
La leche materna como primera vacuna natural
Marcos Arana Cedeño, coordinador en México de la Red Internacional de Grupos pro Alimentación Infantil (IBFAN) e investigador del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), describe la leche materna como "la primera vacuna" que recibe un recién nacido. Sus propiedades inmunológicas brindan anticuerpos y defensas naturales, además de transferir parte de la microbiota adquirida durante el parto, lo cual conforma el sistema inmunológico del niño.
Arana Cedeño advierte que actualmente más de un millón 200 mil bebés nacidos en el país no son amamantados, lo que genera severas complicaciones para su crecimiento. "La leche materna evita que el niño esté en contacto con agentes que pueden infectarlo", señaló el experto. A diferencia de las fórmulas infantiles, cuya composición es estática, la leche materna cambia dinámicamente para adaptarse a las necesidades específicas del lactante, manteniendo sus componentes bioactivos y defensas más allá del primer año de vida.
El investigador también destacó que ningún producto comercial puede reemplazar la leche humana. Aunque todas las fórmulas infantiles legalizadas cumplen con estándares nutricionales mínimos, ninguna reproduce los componentes inmunológicos únicos presentes en la leche de madre. Además, la lactancia fortalece el vínculo emocional y fomenta el desarrollo de la empatía en el niño.
Riesgos para la salud materno-infantil
Las consecuencias de no practicar la lactancia exclusiva son graves tanto para el infante como para la madre. Para el bebé, la falta de leche materna incrementa el riesgo de infecciones, alergias, asma, diabetes y malposiciones dentales. Datos de la Secretaría de Salud indican que la lactancia exclusiva reduce hasta en un 60% el riesgo de muerte súbita infantil.
Para las madres, los beneficios preventivos son estadísticamente significativos. Amamantar reduce en un 26% el riesgo de padecer cáncer de mama, en un 37% el riesgo de cáncer de ovarios y en un 32% el desarrollo de enfermedades metabólicas. También ayuda a mitigar trastornos del estado de ánimo como la tristeza postparto y favorece la recuperación rápida del tamaño uterino y la pérdida de peso posterior al parto.
Por el contrario, las mujeres que no amamantan presentan mayores probabilidades de desarrollar sobrepeso, depresión o resistencia a la insulina, condiciones que pueden derivar en enfermedades crónicas como la diabetes a largo plazo. Ante este panorama, Arana Cedeño enfatiza la necesidad de instaurar un sistema nacional de cuidados que garantice apoyo integral a las madres en todos los ámbitos de su vida, fundamental para construir una verdadera cultura de lactancia en México.



