El gobierno de Estados Unidos ha formalizado su retirada definitiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerrando un ciclo diplomático que comenzó con una orden ejecutiva el 20 de enero de 2025. Esta decisión, impulsada por el presidente Donald Trump y ejecutada durante su segundo mandato, fue anunciada conjuntamente por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., y el secretario de Estado, Marco Rubio, desde Washington.
Cumplimiento del mandato presidencial
La conclusión del proceso marca el cumplimiento de una promesa de campaña realizada al inicio del actual periodo administrativo. A diferencia del intento previo en 2020, esta vez el procedimiento legal se completó íntegramente. El retiro implica el cese inmediato de la membresía estadounidense, la suspensión total del financiamiento a la agencia y la retirada del personal diplomático y técnico que colaboraba directamente con la organización internacional.
Kennedy justifica la medida argumentando que la política sanitaria nacional debe priorizar la soberanía sobre las directrices de organismos multilaterales. Durante su discurso oficial, el titular de Salud afirmó que la OMS "perdió el rumbo de su misión original" y criticó la falta de transparencia mostrada durante la pandemia de COVID-19. Asimismo, señaló que la entidad no implementó las reformas estructurales necesarias tras la emergencia sanitaria global, lo que generó una desconexión entre los intereses de Estados Unidos y las operaciones de la agencia.
Críticas institucionales y antecedentes históricos
La postura crítica de Robert F. Kennedy hacia la OMS precede a su nombramiento. En declaraciones previas, el funcionario describió a la organización como una estructura burocrática y politizada, alejada de la prevención efectiva de enfermedades crónicas. Su administración rechazó específicamente las negociaciones del Acuerdo sobre Pandemias y las modificaciones al Reglamento Sanitario Internacional (RSI), considerándolas instrumentos que otorgarían influencia indebida a entidades externas sobre las decisiones sanitarias internas de EE.UU.
Este evento revive los intentos de separación del primer mandato de Trump. En julio de 2020, Washington notificó su intención de salir de la OMS, alegando errores en el manejo inicial de la crisis sanitaria y presuntas concesiones hacia China. Sin embargo, esa iniciativa nunca se materializó porque el presidente Joe Biden revocó la orden en enero de 2021, antes de que expirara el plazo legal requerido para hacer efectiva la retirada. La nueva administración retomó esta línea política y llevó a cabo el trámite completo en menos de un año.
Impacto financiero y sanitario
La interrupción de los fondos estadounidenses representa uno de los mayores desafíos presupuestarios para la OMS. Históricamente, Estados Unidos ha sido el mayor financiador individual del organismo, con aportaciones anuales estimadas entre 400 y 500 millones de dólares, sumando cuotas obligatorias y contribuciones voluntarias. La ausencia de estos recursos afecta directamente programas clave gestionados por la agencia, tales como:
- Campañas globales de erradicación de la poliomielitis.
- Programas de control y eliminación del sarampión.
- Iniciativas de combate contra la malaria.
- Mecanismos de respuesta rápida ante brotes de ébola.
- Coordinación del intercambio mundial de información epidemiológica y cepas virales esenciales para el desarrollo de vacunas.
Implicaciones legales y geopolíticas
Especialistas en derecho constitucional recuerdan que, aunque Kennedy encabezó el anuncio operativo, la facultad para retirar a EE.UU. de organismos internacionales reside constitucionalmente en el presidente y en el Departamento de Estado. El Congreso mantiene sus poderes sobre la asignación de recursos públicos. Por tanto, mientras el Departamento de Salud y Servicios Humanos continúa administrando la política interna mediante agencias como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el paso externo requirió una coordinación estricta con la diplomacia estadounidense.
La ruptura de esta relación, que data de la creación de la OMS en 1948, redefine la estrategia de cooperación internacional de Washington. Los defensores de la medida argumentan que fortalece la soberanía nacional y permite redirigir recursos hacia la investigación doméstica. Por el contrario, expertos en salud pública advierten que la salida podría reducir el acceso a sistemas de vigilancia epidemiológica internacional y limitar la influencia estadounidense en la gobernanza sanitaria, abriendo espacio para que otras potencias, como China, incrementen su liderazgo dentro de la organización. Con este acto, Estados Unidos inicia una nueva etapa basada en acuerdos bilaterales y alianzas fuera del marco multilateral de la OMS.



