Legionario: síntomas, contagio y prevención tras brote en Nueva York
Legionario: síntomas y prevención tras brote en Nueva York

El reciente brote de enfermedad del legionario en Nueva York ha puesto nuevamente en el centro de atención a esta infección pulmonar poco frecuente pero potencialmente grave. Las autoridades sanitarias trabajan para controlar la situación, mientras surgen dudas sobre su transmisión, síntomas y prevención.

¿Qué es la enfermedad del legionario?

La enfermedad del legionario, o legionelosis, es una infección pulmonar grave causada principalmente por la bacteria Legionella pneumophila. Se trata de un tipo de neumonía que puede derivar en complicaciones severas si no se diagnostica y trata a tiempo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la bacteria habita naturalmente en ambientes acuáticos como ríos y lagos, donde rara vez representa un riesgo. El problema surge cuando se multiplica en sistemas artificiales de agua con temperaturas templadas y mantenimiento deficiente.

Los lugares donde puede proliferar incluyen torres de enfriamiento de edificios, sistemas de agua caliente, jacuzzis, spas, fuentes decorativas, duchas y tuberías con agua estancada.

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Brote en Nueva York: inspecciones y desinfección

El brote registrado en Manhattan llevó a las autoridades a inspeccionar más de 180 torres de enfriamiento. Hasta el momento, decenas de ellas dieron positivo a la presencia de Legionella, por lo que recibieron tratamientos obligatorios de desinfección para reducir el riesgo de nuevos casos.

¿Cómo se contagia la enfermedad del legionario?

Los CDC explican que la infección ocurre al inhalar pequeñas gotas de agua contaminadas con la bacteria, conocidas como aerosoles, que pueden dispersarse desde torres de enfriamiento, duchas, fuentes ornamentales o jacuzzis. En casos poco frecuentes, también puede ocurrir por aspiración accidental de agua contaminada hacia los pulmones.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Las personas con mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave son adultos mayores de 50 años, fumadores o exfumadores, personas con enfermedad pulmonar crónica, diabetes, cáncer, receptores de trasplantes y personas con sistemas inmunitarios debilitados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el riesgo aumenta cuando las defensas están comprometidas o existen enfermedades respiratorias previas.

Síntomas de la enfermedad del legionario

Los síntomas suelen aparecer entre dos y diez días después de la exposición. Inicialmente puede confundirse con una gripe, pero evoluciona afectando principalmente los pulmones. Los síntomas más frecuentes son fiebre alta, tos seca o con flemas, escalofríos, dolor muscular, dolor de cabeza, dificultad para respirar, fatiga intensa, náuseas, vómito y diarrea. Los CDC indican que muchas personas requieren hospitalización debido a que la infección puede evolucionar rápidamente hacia una neumonía grave e insuficiencia respiratoria si no recibe tratamiento oportuno.

El diagnóstico se confirma mediante pruebas de laboratorio, como análisis de orina o estudios de muestras respiratorias.

¿Se transmite de persona a persona?

A diferencia de enfermedades como la influenza o COVID-19, la enfermedad del legionario no suele transmitirse de persona a persona. Según los CDC y el Departamento de Salud de Nueva York, prácticamente todos los casos se relacionan con la exposición a sistemas de agua contaminados. Por ello, durante un brote las autoridades se concentran en identificar y descontaminar la fuente de infección, sin aplicar medidas de aislamiento. En el brote actual, el Departamento de Salud de Nueva York ordenó la limpieza inmediata de las torres de enfriamiento positivas y mantiene un monitoreo constante.

Prevención y cuándo acudir al médico

La mejor prevención consiste en mantener en buen estado los sistemas de agua donde la bacteria puede multiplicarse. La OMS recomienda dar mantenimiento periódico a las torres de enfriamiento, desinfectar los sistemas de agua caliente, evitar el estancamiento del agua, controlar la temperatura y programas de vigilancia microbiológica en edificios de alto riesgo. No existe vacuna contra la enfermedad.

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Se recomienda acudir al médico si se presenta fiebre, tos y dificultad para respirar, especialmente si se estuvo en una zona con brote o se pertenece a un grupo de riesgo. El tratamiento se basa en antibióticos específicos y es más efectivo si se inicia temprano; no se recomienda automedicarse.

Aunque la enfermedad del legionario es poco frecuente, los brotes recientes demuestran la importancia de vigilar los sistemas de agua en edificios, hoteles, hospitales y espacios públicos. La detección oportuna de la bacteria y el mantenimiento adecuado son clave para reducir el riesgo de exposición.