Marco Palet, coordinador de comunicación y promoción de la salud sexual en la Clínica Condesa, ha dedicado cuatro décadas a escuchar las historias de personas que viven con VIH, y ahora las ha reunido en su libro Desde la piel de la escritura, con el objetivo de combatir el estigma y devolverles rostro, memoria y dignidad. En una entrevista con Excélsior, Palet compartió su trayectoria, desde sus inicios en los años ochenta, cuando el VIH era sinónimo de miedo y silencio, hasta los retos actuales de comunicación y prevención.
Un viaje que comenzó en los años ochenta
Palet recuerda que su vocación nació al escuchar a Arturo Díaz Betancourt, un activista que lo acercó al movimiento en los años finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando no existían los medicamentos actuales ni las Clínicas Condesa. "Todo era miedo, y el silencio era igual a muerte", recuerda. Antes del VIH, Palet se imaginaba una vida convencional, pero al descubrir su propia identidad en una época sin redes sociales ni internet, entendió que escuchar podía ser una forma de ayudar. "Aprendí a ser escuchado", explica, "y entendí que había que hacer lo mismo con los demás".
Fue Díaz Betancourt quien lo impulsó a hacer una campaña de radio sobre el SIDA, lo que lo llevó al Instituto Mexicano de la Radio y más tarde a trabajar con Mexicanos contra el SIDA, una confederación de organizaciones civiles. En ese entonces, encontraron miedo, desinformación y una respuesta institucional insuficiente. Palet recuerda a un funcionario de salud que dijo que el VIH-SIDA era un problema de prostitutas y homosexuales, lo que "le echó carbón a la hoguera de la estigmatización". Los activistas tenían que entrar a hospitales para convencer a enfermeras de atender a personas rechazadas por el temor.
Historias que marcaron su vida
Entre las historias que conserva, una pareja de amigos que recibió el diagnóstico cuando no había medicamentos lo cambió definitivamente. Viajaron por el mundo, pero uno enfermó y murió tras una neumonía; meses después murió su pareja. "Aquellas muertes no fueron una estadística para él: tenían nombres, rostros, conversaciones y recuerdos", relata. La llegada de los antirretrovirales trajo esperanza, pero algunos amigos no alcanzaron a recibirlos.
Hoy, Palet ve una paradoja: "Tenemos más tecnología biomédica, más avances médicos para el tratamiento, para la atención y para la prevención, y tenemos menos difusión". Le preocupa que los jóvenes piensen que el VIH pertenece al pasado y confundan tener tratamiento con no tener riesgo. Por eso insiste en usar herramientas como TikTok e influencers capacitados por médicos para explicar conceptos como la PrEP o la PEP.
El desgaste y la vulnerabilidad
Después de escuchar tanto dolor, Palet ha desarrollado técnicas de escucha activa y contención, y practica meditación y yoga desde los años ochenta. Habla de la vulnerabilidad como un concepto que no depende solo del diagnóstico: "No es lo mismo vivir con VIH teniendo recursos, vivienda y acceso a atención médica que hacerlo siendo pobre, viviendo en la calle y sin una red de apoyo". En la Clínica Condesa ha visto mujeres que no pueden revelar su diagnóstico y el estigma que sigue operando silenciosamente.
La Clínica Condesa, que cumplió 25 años, es un espacio seguro y de educación. Ya existe una segunda sede en Iztapalapa y está planteada una tercera en Gustavo A. Madero. La nueva estrategia incluye estaciones Condesa en las Utopías para acercar servicios. Palet destaca que hace falta presupuesto para comunicar, pues "sale más barato prevenir que atender las complicaciones".
El libro y su mensaje
Desde la piel de la escritura comenzó durante la pandemia y concluyó en diciembre de 2025. La escritora Mónica Lavín le insistió: "primero escribe". El libro reúne historias reales con elementos modificados para proteger identidades, incluyendo hombres gays, mujeres trans, personas en situación de calle y trabajadores sexuales. Palet quería que el lector se reconociera en ellas y que "detrás de cada diagnóstico el lector sea capaz de ver a una persona".
Una de las historias más difíciles fue la de Crispín, un joven de la Sierra de Guerrero que llegó a la Ciudad de México y terminó adquiriendo el VIH por falta de información. Palet aclara que su historia no es una condena al trabajo sexual, sino a las condiciones de vulnerabilidad. El título del libro refleja que "uno escribe con todo el cuerpo", y menciona la frase de un paciente: "No tengo casa", que lo marcó profundamente.
Palet quisiera que el libro llegue a una persona que todavía no existe, que dentro de 30 años lo lea en una biblioteca y que para entonces ya no haya nuevos casos de VIH. Mientras tanto, pide "que seamos más respetuosos y cuidadosos con los diagnósticos" y cuestiona el uso de la palabra "contagio", prefiriendo "transmisión". La Clínica Condesa, dice, debería ser una escuela de empatía, y a los médicos les pediría humildad para escuchar las historias detrás de los diagnósticos.
El libro se presentó por primera vez en febrero y está disponible en la librería Somos Voces, especializada en temas LGBT. Palet quiere seguir escribiendo sobre niños, activistas y el VIH como personaje. Su vida ha sido "ayudar sin protagonismo", y su objetivo es que las historias de quienes viven con VIH sean escuchadas y que la sociedad aprenda a mirar sin estigma, devolviendo así memoria y dignidad a quienes han sido invisibilizados por décadas.



