El TDAH persiste en la adultez, aunque sus síntomas se transforman
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) no es una condición que desaparezca con la madurez, como se creyó durante años. En la actualidad, la medicina reconoce que sus manifestaciones cambian con el tiempo, pero el trastorno subyacente permanece. Así lo explicó el doctor Juan Carlos García Beristain, jefe del Departamento de Neurología del Hospital Infantil de México Federico Gómez, en entrevista con Excélsior.
“Si el niño crece, madura y el déficit de atención se acaba, es falso”, afirmó el especialista. El niño que no podía permanecer sentado en el salón de clases puede convertirse en un adulto que ya no corre de un lado a otro, pero que olvida una junta importante, deja vencer el pago de una tarjeta o acumula dificultades para terminar sus proyectos.
La hiperactividad se internaliza en la vida adulta
En la infancia, el TDAH suele identificarse cuando un alumno se levanta constantemente, interrumpe a sus compañeros, responde antes de escuchar una pregunta completa o no termina las actividades escolares. En la adultez, esas mismas dificultades pueden adoptar una forma menos evidente. Ya no necesariamente se observa a una persona corriendo por la oficina o incapaz de permanecer sentada. La inquietud puede experimentarse internamente, como una sensación constante de urgencia, pensamientos acelerados o necesidad de cambiar de actividad.
“En la adultez se internaliza la hiperactividad, ya la llevas por dentro. Es algo que aprendiste a intentar modular aparentemente, pero tu fenómeno hiperactivo está por dentro”, explicó García Beristain. En lugar de una tarea escolar incompleta, pueden aparecer juntas olvidadas, retrasos frecuentes, dificultades para administrar el dinero, proyectos abandonados o problemas para cumplir compromisos.
El diagnóstico en adultos requiere historia clínica completa
El diagnóstico en adultos no surge únicamente porque alguien se distraiga o pierda las llaves ocasionalmente. Para hablar de TDAH, el especialista debe reconstruir la historia de la persona y comprobar que existían síntomas desde antes de los 12 años, que estos persisten y que afectan diferentes áreas de su vida.
No recibir atención durante la infancia o la adolescencia puede producir lo que García Beristain describe como un “riesgo acumulativo”. A lo largo de los años pueden sumarse reprobaciones, deserción escolar, bajo rendimiento laboral, conflictos familiares y dificultades en las relaciones. El impacto no se limita a las calificaciones o al trabajo: también puede afectar la forma en que una persona se percibe a sí misma.
Impacto emocional y riesgo de otras condiciones
“En lo emocional, una baja autoestima, años de regaños, de fracasos, de que las cosas no te salen como quieres, por supuesto que impactan”, señaló el neurólogo. Una persona que durante años fue calificada como floja, irresponsable o desinteresada puede comenzar a creer que sus dificultades son fallas de carácter, cuando en realidad podrían estar relacionadas con problemas para regular la atención y los impulsos.
El especialista advirtió que en los pacientes sin tratamiento también puede aumentar el riesgo de consumo problemático de sustancias, accidentes —particularmente automovilísticos— y conductas impulsivas. Asimismo, pueden presentarse problemas financieros y complicaciones para conservar relaciones personales o laborales estables. A esto se suma la presencia de otras condiciones. De acuerdo con el neurólogo, la ansiedad y la depresión aparecen con frecuencia en personas con TDAH, ya sea como condiciones asociadas o como resultado de años de frustraciones, conflictos y dificultades no atendidas.



