Visión borrosa y mareos: otros síntomas de un infarto cerebral que no debes ignorar
Visión borrosa y mareos: otros síntomas de infarto cerebral

Un infarto cerebral no siempre se manifiesta con parálisis evidente o desviación de la boca. En muchos casos, los primeros signos son alteraciones visuales, mareos o problemas de lenguaje que pueden confundirse con cansancio o estrés. Reconocerlos a tiempo es crucial para buscar atención médica inmediata.

¿Qué es un infarto cerebral?

Ocurre cuando un coágulo obstruye una arteria y la sangre deja de llegar a una región del cerebro. Sin oxígeno, las neuronas se dañan y las funciones controladas por esa zona se alteran. José Daniel Salvador Ruiz González, neurocirujano con subespecialidad en radiocirugía, explica en entrevista con Excélsior: “Lo que estamos sintiendo no es algo irreal, sino algo que nos está avisando nuestro cerebro”.

Síntomas visuales

Un infarto cerebral puede causar pérdida repentina de la visión, visión borrosa o visión doble. La alteración puede afectar uno o ambos ojos y aparecer sin dolor. También es posible perder parte del campo visual: la persona ve lo que está frente a ella, pero no percibe lo que ocurre hacia un costado. Estos cambios no deben atribuirse a cansancio o necesidad de lentes.

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Mareo y pérdida de equilibrio

El mareo repentino acompañado de inestabilidad, dificultad para caminar o falta de coordinación es una señal de alerta. Una persona puede tropezar, no mantenerse de pie o sentir que el entorno gira. Estos síntomas aparecen cuando el problema afecta regiones relacionadas con la coordinación. La clave está en reconocer un cambio brusco, no un mareo pasajero.

Alteraciones del lenguaje

No siempre se pierde la capacidad de hablar por completo. Algunas personas pronuncian palabras incomprensibles, cambian unas por otras o hablan con lentitud. Otras entienden lo que escuchan pero no pueden responder. Una prueba sencilla es pedir que repitan una frase; si arrastran palabras o parecen confundidos, es una emergencia.

Episodios transitorios

Ruiz González advierte que algunas alteraciones pueden durar poco y desaparecer, lo que lleva a pensar que fueron producto del estrés. “Me ocurre y se me quita y yo me vuelvo a sentir bien”, describe. El error es asumir que, porque el síntoma desapareció, ya no hay peligro. Un episodio transitorio puede ser un ataque isquémico transitorio, que aumenta el riesgo de un infarto completo.

¿Qué hacer ante estos síntomas?

No hay que esperar a que aparezca parálisis total. Se debe llamar a emergencias o trasladar a la persona a un hospital con capacidad para atender eventos cerebrovasculares. Es importante recordar la hora exacta en que la persona fue vista bien por última vez. No se debe ofrecer comida, bebidas ni medicamentos por cuenta propia. “El paciente no ve tiempos; el paciente responde con la atención oportuna”, afirma Ruiz González.

El infarto cerebral no siempre paraliza desde el primer momento. Si alguien pierde repentinamente la visión, el equilibrio, la coordinación o la capacidad de hablar con normalidad, la respuesta debe ser la misma: tratarlo como una emergencia, incluso si el síntoma parece leve o desaparece.

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