El balance oficial por el doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio se elevó a 4 mil 829 fallecidos, según el reporte diario publicado por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, a través de su cuenta de Telegram. Los sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, han dejado una estela de destrucción que mantiene en vilo al país.
La Guaira, la zona más golpeada
El estado de La Guaira, vecino de Caracas, continúa siendo el epicentro de la tragedia. Rescatistas y familiares aún excavan entre los escombros de edificios derrumbados en busca de cuerpos de víctimas. Al menos 20 mil 857 personas viven hacinadas en campamentos improvisados que carecen de agua potable y baños portátiles, lo que ha llevado a médicos desplegados en hospitales de campaña a redoblar esfuerzos para prevenir la propagación de enfermedades respiratorias e intestinales.
La cifra de heridos se mantiene en 16 mil 740, aunque Rodríguez indicó el fin de semana que la mayoría de los lesionados ya fueron dados de alta. Las autoridades evitan proporcionar una cifra oficial de desaparecidos, pero según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esa cifra podría alcanzar los 50 mil, lo que convertiría a este desastre en uno de los peores terremotos registrados en América Latina.
Impacto en infraestructura y viviendas
El desastre afectó a más de 800 edificios, de los cuales 190 colapsaron por completo. La destrucción masiva ha dejado a miles de familias sin hogar, obligándolas a refugiarse en espacios públicos donde las condiciones de hacinamiento son críticas. Organismos internacionales han hecho un llamado a mantener la asistencia humanitaria y fortalecer las labores de recuperación.
Crisis humanitaria y desafíos de salud
A más de tres semanas del doble sismo, la emergencia humanitaria se agrava. Los campamentos improvisados carecen de servicios básicos, y las brigadas médicas trabajan contrarreloj para controlar posibles brotes de enfermedades. Especialistas advierten que la reconstrucción de viviendas, edificios públicos e infraestructura dañada requerirá un proceso prolongado y recursos suficientes para mitigar riesgos ante futuros sismos.
Venezuela enfrenta así una de sus mayores emergencias naturales en décadas, con un saldo devastador que sigue en aumento mientras continúan las labores de búsqueda y rescate en las zonas más afectadas.



