Derechos de audiencias: ¿control gubernamental o libre albedrío?
Derechos de audiencias: ¿control o libre albedrío?

El gobierno de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, anunció los nuevos lineamientos de derechos de las audiencias, una medida que, según sus impulsores, busca que los medios de comunicación distingan entre informar y opinar. Sin embargo, críticos y analistas señalan que esta regulación podría convertirse en una herramienta de censura contra periodistas y medios que no sean afines al gobierno.

Anuncio oficial y reacciones iniciales

Hace una semana, la presidenta Claudia Sheinbaum y su consejera jurídica, Luisa María Alcalde, presentaron los lineamientos de derechos de las audiencias. La medida, según el gobierno, busca sancionar a cualquier medio de comunicación o periodista que no diferencie claramente entre información y opinión en sus espacios. La iniciativa ha generado un intenso debate sobre la libertad de expresión y el papel del Estado en la regulación de los contenidos mediáticos.

El columnista David Ordaz, en un artículo de opinión, comparó la medida con la antigua práctica de “matar al mensajero”, utilizada por reyes y gobernantes para silenciar a quienes les llevaban malas noticias. Ordaz sostiene que, en su versión del “segundo piso de la cuarta transformación”, el gobierno de Sheinbaum parece seguir la misma lógica.

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Contradicciones y críticas del gobierno

El columnista también señaló una incongruencia: mientras el gobierno busca imponer reglas a los medios, las propias conferencias mañaneras violan esos principios diariamente. “La incongruencia de la presidenta y su gobierno es de tal magnitud que, o no dimensionan que las propias reglas que ellos quieren imponer a los medios de comunicación, ellos las violan todos los días en la conferencia mañanera o simplemente se las pasan por el arco del triunfo”, escribió Ordaz.

Claudia Sheinbaum, junto con Jesús Ramírez y José Merino, argumenta que los medios tienen la obligación de presentar información de manera correcta, pues actualmente no lo hacen de forma veraz. Para ello, proponen la creación de un “sensor” que decidirá entre lo correcto y lo incorrecto. Sin embargo, quedan preguntas sin respuesta: ¿quién determinará entre esos dos conceptos?, ¿qué criterio se usará?, ¿qué credenciales deberá tener ese sensor para ser el dueño de la verdad a conveniencia?

La defensa del libre albedrío

En contraposición, Ordaz defiende el libre albedrío, definido como la capacidad de las personas para tomar decisiones y actuar por voluntad propia. “Es tan fácil como tener un control remoto de la televisión para cambiar de canal o la capacidad de cambiar a otra estación de radio o plataforma digital o comprar un periódico u otro”, señaló. El columnista critica que la presidenta y su gobierno crean estar por encima del derecho de las personas a decidir qué ver, escuchar o leer, y de opinar o cuestionar.

Además, el reglamento obliga a que los programas de radio y televisión pongan distintivos para advertir que un contenido mezcla noticias con opiniones, con la amenaza de multas si no cumplen. Ordaz reconoce que los medios tienen líneas editoriales ligadas a intereses políticos, económicos, empresariales o de seguridad, y que desde hace décadas se han utilizado como poder fáctico, pero subraya que la solución no es la censura gubernamental.

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Declaraciones de Sheinbaum sobre financiamiento a medios

En una declaración reveladora, Sheinbaum dijo: “¿qué es lo que ha venido pasando, sobre todo, en los últimos años y particularmente ahora? Se miente. Particularmente los comentócratas, pero también muchos medios de comunicación. Se miente. Por eso digo, que son las notas de opinión o las opiniones de ficción. Son ficción. Ya ni tomo tiempo a veces en La mañanera para hablar de los comentócratas, porque es tan absurdo lo que dicen que ni tiene caso estar aclarando cada cosa. Pero es parte de un vínculo que tienen entre todos ellos que no quieren al gobierno. ¿Y por qué no lo quieren? Pues porque no les dan mucho chayote, así, tan sencillo como eso. Porque nosotros no le damos dinero a un periodista, a un reportero, para que diga lo que queremos que diga. Sí hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación a partir de sus audiencias esencialmente es el esquema que tomamos. Hay algunos a los que no les damos. TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco. Abiertamente lo digo”.

Esta declaración, según Ordaz, comprueba lo que siempre ha sido un secreto a voces: el uso discrecional del dinero público para repartirlo entre quienes hablan bien del gobierno y quienes no. El columnista cuestiona si bajo esa idea comenzará a funcionar el mecanismo de las audiencias, y cómo se garantizará que el gobierno no castigue contenidos y opiniones que considere incómodos o no favorables a sus intereses. También pregunta si la mañanera y las conferencias de prensa del gobierno deberán sujetarse a esas normas o si ellos tienen la verdad única.

Lecciones de la historia: Nixon y la prensa

Ordaz recuerda que “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. En 1977, el presentador David Frost entrevistó al expresidente estadounidense Richard Nixon, quien había renunciado por el escándalo del Watergate. Nixon eligió a Frost sobre Mike Wallace, una leyenda del periodismo crítico, sabiendo que lo superaría fácilmente. Durante la entrevista, el productor John Birt le dijo a Frost: “recuerda que es un político, no olvides que estás frente a un pillo mayor”. Finalmente, Nixon confesó: “si el presidente lo hace, eso significa que no es ilegal”.

También Nixon y su gobierno se lanzaron contra el New York Times y el Washington Post por la publicación de los archivos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam. El caso llegó a la Corte Suprema, que dio un veredicto histórico: “los padres fundadores le dieron a la prensa libre la protección que debe tener para hacer su función esencial en nuestra democracia. La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes”.

Conclusión: el libre albedrío como alternativa

Ordaz insiste en que “se llama libre albedrío. No hay mejor tribunal, comisión, gobierno o tribunal que las audiencias mismas y su libertad de cambiar de canal o dejar de seguir una plataforma que no quieran”. El columnista concluye que la mentira hoy en México tiene un nuevo ingrediente: la victimización, y que “mentir y victimizarse como fórmula de gobierno” es parte del legado de Andrés Manuel López Obrador. La medida, si se implementa, podría tener un impacto directo en la libertad de expresión y en la relación entre el gobierno y los medios, pero serán las audiencias quienes, con su libre albedrío, decidirán finalmente qué contenidos consumir.