La ciudad de Catia la Mar, en el estado venezolano La Guaira, quedó devastada tras el doble terremoto que sacudió el país la noche del miércoles. Dos sismos consecutivos de magnitudes 7,2 y 7,5 provocaron la muerte de al menos 32 personas y 700 heridos, además de un número indeterminado de desaparecidos. La Guaira, a 40 minutos de Caracas y sede del aeropuerto internacional de Maiquetía, fue declarada "zona de desastre" por el gobierno interino.
"Todo se desplomó": testimonios de sobrevivientes
Yilsmaris Blanco, de 39 años, observa incrédula los escombros de su edificio. "Fue terrible. Todo, todo se desplomó", lamenta. "Le damos gracias a Dios porque estamos vivos, pero hay personas que están ahorita sufriendo con sus familiares tapiados, con sus familiares pisados que no los pueden sacar", aseguró a la AFP.
Larry Rojas, de 49 años, es uno de los miles de residentes afectados en una zona de Catia la Mar que alberga casi 200 torres residenciales. "No tenemos nada, ahorita no tenemos nada, ni siquiera fuerza, ni valor para meternos ahí, imagínate tú", cuenta. Muchos edificios se mantienen en pie con grandes grietas y paredes abiertas, mientras que decenas han colapsado por completo.
Rescatistas trabajan entre escombros; temen más réplicas
En medio de la noche, decenas de rescatistas trabajan como pueden entre los escombros. Las autoridades vigilan de cerca cómo ciudadanos intentan por su cuenta encontrar a sus allegados gritando sus nombres. Periodistas de la AFP presenciaron cómo familiares recuperaron los cadáveres de un hombre y una mujer y los colocaron en la cajuela de una camioneta. También vieron una farmacia con puertas de vidrio destruidas y anaqueles vacíos, sin que las autoridades confirmaran si hubo saqueos.
"Lo que hace falta es ayuda, más que todo con los equipos técnicos, los equipos que están en Caracas, que saben qué herramientas usar, que pueden venir a ayudar aquí a La Guaira, que se vengan", clama José Pacheco, jefe de operación del Grupo Rescate Unido de Venezuela. Con 30 años de experiencia, Pacheco dice que "nunca" ha visto "algo parecido".
"Fue de repente": el relato de un sobreviviente herido
Antonio Bermúdez, de 45 años, estaba en el salón de su casa cuando "de repente" empezó el temblor. "Me empecé a mover, busqué refugio bajo una columna. Estaba entre mi cuarto y la ducha. Temblaba más duro, temblaba más duro", recuerda. "Me agarré a la pared, me agarré a la pared, me agarré a la pared y el edificio empezó a bajar", explica sentado contra un muro en la calle, mientras intenta acomodar una pierna que no puede mover luego de que una "placa" le quedara encima.
Ante la falta de luz, algunos residentes corren por las calles con linternas, mientras los vehículos de emergencia iluminan brevemente las calles con sus sirenas. "No tenemos tampoco ni agua, estamos muertos de sed, nos metemos a la estructura y estamos temerosos de que se caiga también", añade Larry Rojas. "De verdad que alguien que nos ayude, que envíen maquinaria. Es lo que necesitamos para entrar a los edificios que están caídos", pide.



