Opinión: Europa abre la puerta y México no puede llegar tarde. Europa aparece hoy como algo más que un socio comercial. Se nos presenta como un punto de equilibrio, y eso importa muchísimo en el contexto actual.
Un acuerdo global modernizado
El Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo y la Comisión Europea firmaron el pasado 22 de mayo un acuerdo global modernizado. A México le tomó décadas construir una maquinaria exportadora capaz de venderle prácticamente todo a Estados Unidos: autos, autopartes, cerveza, aguacate, electrónicos, manufactura pesada… ¡de todo! Nos volvimos expertos en producir para el norte. Tan expertos que, por momentos, olvidamos que depender demasiado de un solo cliente siempre termina generando vulnerabilidad. Es una regla elemental en economía. Y quizá por eso el nuevo acuerdo comercial con Europa llega en un momento tan importante.
Mientras Estados Unidos endurece su discurso político, revisa cadenas de suministro y convierte el comercio en instrumento de presión estratégica, la Unión Europea le está enviando a México una señal completamente distinta: le dice que quiere hacer más negocios con él.
Más allá de los aranceles
La eliminación de aranceles para más del 90% de productos mexicanos no solamente abre oportunidades para exportadores agroindustriales o manufactureros, sino que también comienza a mover la gran posibilidad de que México deje de caminar económicamente mirando hacia una sola dirección. Europa aparece hoy como algo más que un socio comercial; se presenta como un punto de equilibrio, y eso importa muchísimo en el contexto actual.
Durante años, la economía mexicana encontró estabilidad exportando masivamente hacia Estados Unidos, y funcionó a las mil maravillas. El problema es que esa integración también dejó una vulnerabilidad estructural: cualquier tensión política, electoral o comercial en Washington termina golpeando directamente las expectativas de inversión, manufactura y crecimiento en México. Lo estamos viendo ahora mismo. Donald Trump volvió a endurecer su discurso comercial, Estados Unidos elevó la presión sobre las cadenas de suministro y el T-MEC comienza a entrar lentamente en una zona de revisión mucho más compleja de lo que muchos anticipaban.
En medio de ese escenario, el acuerdo modernizado con la Unión Europea llega como un verdadero tanque de oxígeno para una economía que necesita diversificar riesgos. El verdadero valor de este acuerdo no está únicamente en vender más productos, sino en depender menos. Esto cambia completamente la conversación y las reglas del juego.
La necesidad de diversificar
Es un hecho que México ya no puede darse el lujo de concentrar toda su estabilidad económica alrededor de un solo mercado, por poderoso que sea. La nueva realidad global obliga a construir más rutas comerciales, más alianzas y más márgenes de maniobra. El mundo conectado de hoy ya no funciona bajo las reglas comerciales de hace veinte años. Estados Unidos subsidia industrias estratégicas, China fortalece el control estatal y Europa endurece regulaciones ambientales y tecnológicas. El libre comercio “puro” prácticamente desapareció. Hoy lo que existen son bloques económicos intentando proteger sus intereses. México necesita aprender a navegar en ese nuevo tablero, y al parecer comienza a hacerlo.
Un punto medular es que exportar más no necesariamente significa capturar más riqueza. México aprendió a ensamblar, producir y exportar con enorme eficiencia. Pero el siguiente salto económico ya no depende únicamente del volumen; depende de cuánto valor tecnológico, logístico e industrial logra quedarse dentro del país. Si únicamente cambiamos la dependencia estadounidense por la dependencia europea, el problema estructural seguirá ahí.
El reto de la calidad y la innovación
Europa representa un mercado de más de 440 millones de consumidores y uno de los bloques económicos más sofisticados del planeta. Pero competir ahí exige mucho más que capacidad manufacturera barata. Exige trazabilidad, cumplimiento ambiental, calidad, innovación y mayor complejidad industrial. Quizá eso sea precisamente lo que México necesita. El siguiente gran desafío económico del país ya no es producir más, ¡es producir mejor! Desarrollar cadenas de valor más profundas, proveedores nacionales más sólidos y capacidades tecnológicas propias alrededor de las exportaciones. Ahí está la diferencia entre crecer y desarrollarse.
Por eso este acuerdo llega en un momento especialmente delicado, oportuno y estratégico. No porque Europa vaya a reemplazar a Estados Unidos; eso no ocurrirá, al menos en el corto y mediano plazo. Pero sí porque México necesita dejar de caminar sobre una sola pierna comercial en un planeta cada vez más fragmentado y proteccionista.
Europa nos abrió la puerta. La pregunta es si México tendrá velocidad, visión y capacidad suficiente para cruzarla antes de que el tablero global vuelva a cambiar otra vez.
Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE.



