México necesita un acuerdo propio para crecer al 4%
México necesita un acuerdo propio para crecer

Mientras México renegocia el T-MEC, el acuerdo más urgente y postergado es el que el país tiene pendiente consigo mismo, según Horacio Arredondo, decano de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey.

Diagnóstico de la OCDE: crecimiento mediocre

A inicios de junio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) actualizó sus previsiones económicas para México. El primer Economic Outlook de 2026 presenta un diagnóstico incómodo por su contundencia, poniendo el foco en los desafíos que el país no ha abordado. La OCDE describe una economía que lleva dos décadas de desempeño modesto y que, según sus proyecciones más recientes, crecería apenas 0.8% en 2026 y 1.8% en 2027.

Más preocupante que el dato de estos dos años es el estancamiento de los últimos 20. México no ha logrado cerrar la brecha de ingreso per cápita que lo separa de las economías más avanzadas y la productividad permanece rezagada, con una distancia muy marcada entre un norte cada vez más productivo y un sur que se queda atrás. Hay otros síntomas de esta economía convaleciente: la informalidad sigue siendo masiva, la participación laboral de las mujeres está por debajo de la de nuestros pares, y la adopción digital entre las empresas es baja.

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La brecha con Corea del Sur

Para poner esa brecha en perspectiva, vale la pena remontarse a 1980. El ingreso por habitante de México casi duplicaba al de Corea del Sur; hoy, según el FMI, el de Corea del Sur supera por más del doble al de México. Creciendo al ritmo de los últimos años, en torno al 1%, México tardaría más de ochenta años en alcanzar el nivel actual de Corea. Tendrían que pasar tres generaciones para cerrar la brecha.

En cambio, si México lograra crecer al 4% anual, necesitaría poco más de 20 años para ponerse a la par. No obstante, Corea del Sur no se detiene y continúa creciendo casi el doble de rápido, por lo que al ritmo actual de crecimiento la brecha se seguiría ensanchando. La verdadera dimensión del déficit de crecimiento no es que la meta esté lejos, sino que un país que venía detrás terminó tomando la delantera.

Comercio no es desarrollo

La paradoja que me parece más reveladora, y cuestiona una creencia arraigada, es que durante tres décadas México apostó al libre comercio como motor de su desarrollo. Esta apuesta rindió muy buenos frutos: las exportaciones se multiplicaron y el país se integró profundamente a las cadenas de valor globales. Sin embargo, la productividad, la convergencia y la prosperidad que debería permear a todos no siguieron esa misma curva. El T-MEC, y el TLCAN antes que él, proporcionaron comercio, no desarrollo. Y ahí está la incomodidad de fondo que ninguna renegociación va a resolver: un instrumento comercial no es, por sí solo, una estrategia de desarrollo.

Crecimiento prestado vs. crecimiento propio

Conviene nombrar esa distinción con precisión, porque ordena el resto del problema. Hay un crecimiento “prestado”, que depende del exterior, de que el entorno empuje. Los ejemplos abundan: un buen año de exportaciones, una ola de inversión o la firma de un tratado favorable. Del otro lado, hay un crecimiento “propio”, que se construye desde adentro. Este crecimiento nace de la productividad, de la formalización del empleo y del capital humano. México ha confiado durante años en el primero, cuando es el segundo el único que de verdad cierra brechas.

No es solo un problema de política pública; es, sobre todo, un problema empresarial. La productividad se construye empresa por empresa, a través de la profesionalización de la gestión, la adopción de tecnología y la apuesta por el talento. Cuando la OCDE observa una baja adopción digital entre las compañías mexicanas, describe una suma de decisiones concretas que cada empresa toma o posterga. Estas empresas, muchas de ellas familiares, enfrentan exactamente la misma pregunta que el país: ¿esperamos a que el ciclo nos levante o nos responsabilizamos de construir nuestras propias capacidades?

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El camino hacia el 4%

Los países que rompieron su propio techo, sin esperar un golpe de suerte externo, atacaron sus restricciones internas, ya fueran económicas, institucionales o educativas, como Corea del Sur. Un crecimiento del 4% no es una fantasía: es el ritmo que otros sostuvieron cuando decidieron construir su destino desde adentro. México también puede construir ese futuro articulando sus capacidades de gobierno, empresa y academia.

El T-MEC se renegociará en julio, y conviene seguir cada ronda con atención, ya que es un tema muy importante. Pero el acuerdo más relevante que México tiene es consigo mismo. Ese acuerdo no tiene fecha límite ni una contraparte presionando en la mesa de negociación. Quizás por eso nunca se termina de firmar. La próxima década de México dependerá menos de lo que se negocie afuera que de lo que por fin se decida construir en casa.