La paradoja política del agua: obras invisibles que definen elecciones
En el ámbito político mexicano, persiste una creencia arraigada: invertir en infraestructura hidráulica no genera votos, mientras que proyectos más visibles como parques, carreteras o escuelas ofrecen una rentabilidad electoral inmediata. Sin embargo, esta percepción ignora una realidad cruda: los problemas graves de agua y drenaje sí tienen el poder de costar elecciones. Tandeos, inundaciones o suministro de calidad deficiente pueden convertirse en el detonante de una derrota en las urnas, demostrando que lo que no da votos, sí los quita con fuerza.
Colapso histórico en Guadalajara: un sistema al borde del abismo
La crisis del agua en Guadalajara ha alcanzado niveles no vistos en décadas, con la planta potabilizadora número 1, ubicada en Miravalle, fuera de servicio. Esta instalación no solo es vieja y arcaica, sino que carece de la capacidad para tratar adecuadamente el agua, especialmente para eliminar químicos como el manganeso, responsable del color amarillento que tanto preocupa a los usuarios. Las bombas, algunas con setenta años de antigüedad y otras acercándose al siglo, son tan obsoletas que no existen refacciones disponibles, obligando a fabricar piezas una por una, con fallas recurrentes que paralizan el sistema.
La situación se agrava al considerar los ductos, desde el acueducto que conecta Chapala con Guadalajara hasta las antiguas tuberías de barro que ahora son meras oquedades en el subsuelo. La calidad del agua distribuida por el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) no muestra señales de mejora; por el contrario, continúa deteriorándose debido a una crisis sistémica. Aunque el director del SIAPA afirma que el agua "cumple con la norma", esta declaración contrasta con la recomendación del secretario de Salud, quien advierte a la población evitar su uso para cocinar o lavarse los dientes, evidenciando una grave desconexión entre la retórica oficial y la realidad sanitaria.
Urgencia técnica, financiera y política: el desafío del gobierno de Lemus
Si se destinan recursos suficientes para renovar plantas de tratamiento y mejorar la infraestructura de distribución, podrían observarse mejoras en la calidad del agua en aproximadamente seis meses. De lo contrario, la ola de insatisfacción ciudadana reventará en la cara de las autoridades, con efectos palpables en la próxima contienda electoral. El gobierno del gobernador Pablo Lemus podría argumentar que esta crisis no es de su responsabilidad directa, y quizá tenga razón al señalar décadas de abandono, malos manejos, uso político de las instituciones, corrupción y decisiones pésimas. No obstante, este diagnóstico, aunque necesario para evitar errores futuros, no cambia el hecho ineludible: es la administración actual la que debe resolver el problema, abordando primero los aspectos técnicos, luego los financieros y finalmente los políticos.
El componente técnico es complejo, pero los profesionales del agua en Guadalajara tienen claro el camino a seguir. El aspecto financiero exige priorizar esta crisis sobre otros proyectos, reconociendo que es el problema más apremiante de la región. La dimensión política es fundamental: el gobernador Lemus debe tomar decisiones audaces y oportunas, ya que cada día de retraso incrementa el costo a pagar, no solo en términos de salud pública, sino también en apoyo electoral. En resumen, la infraestructura hidráulica, aunque invisible, se ha convertido en un termómetro crítico para la gobernabilidad y la confianza ciudadana en Jalisco.
