En la Ciudad de México, el reemplazo de áreas verdes por pavimento e infraestructura urbana no solo modifica el paisaje, sino que incrementa la sensación térmica hasta en 10 grados Celsius, generando entornos hostiles para la población, según advierten especialistas de la UNAM y la UAM.
Mediciones revelan diferencias extremas
De acuerdo con datos del Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad de la UNAM, mientras que en zonas con alta concentración de asfalto la temperatura puede alcanzar los 43.4 grados Celsius, a pocos metros, en áreas con cobertura vegetal, los termómetros registran cerca de 29.3 grados. Estas variaciones crean microespacios térmicos que exponen al cuerpo humano a condiciones extremas, elevando la temperatura corporal a niveles agobiantes.
Pérdida de vegetación: la causa principal
La doctora Claudia Rojas Serna, especialista en Ingeniería Hidrológica, explicó que este fenómeno responde a la pérdida de vegetación. “Las áreas verdes ayudan a enfriar el ambiente porque las plantas transpiran y permiten la evaporación del agua del suelo. Esta combinación consume energía; cuando se reemplazan por concreto y asfalto, esa energía se convierte en calor y eleva la temperatura del aire”, señaló la experta egresada de la École Nationale du Génie Rural de París. Incluso en distancias cortas, de uno o dos metros, pueden percibirse cambios térmicos significativos entre superficies arboladas y zonas pavimentadas.
Rojas Serna advirtió que, aunque un termómetro marque 30 grados, el cuerpo humano puede sentir hasta 10 grados más debido a la radiación directa y la pérdida de capacidad para regular la temperatura interna. En contraste, bajo la sombra de un árbol, el incremento térmico corporal es apenas de entre tres y cinco grados.
Puntos críticos en la ciudad
Un ejemplo crítico de este sobrecalentamiento es la Avenida del Imán, en el sur de la capital. Delfino Hernández, investigador del Departamento de Biología de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la UAM Iztapalapa, señaló que esta zona ha sufrido deforestación en las últimas décadas, pasando de ser un área boscosa a un entorno invadido por concreto. “Ése es un punto clarísimo para ubicar el problema, con incremento real de las temperaturas y la percepción de calor en los humanos”, subrayó.
Esta infraestructura absorbe radiación solar durante el día y la libera lentamente por la tarde y noche, prolongando la sensación de calor y frenando las corrientes de viento que podrían ayudar a enfriar los sitios afectados.
Contraste con zonas rurales
La doctora Elda Luyando López, experta en bioclimatología de la UNAM, precisó que este incremento diferencial es más evidente en el centro de la ciudad en comparación con las zonas rurales, especialmente durante las mañanas y en temporadas de sequía.
Medidas urgentes propuestas
Ante este panorama, los especialistas llamaron a implementar acciones urgentes, como el uso de materiales con mayor reflectividad solar, pinturas claras en fachadas y asfaltos modificados con materiales como arena blanca o mármol para reducir la absorción de calor. “Porque la temperatura en un pavimento supernuevecito negro va a ser muy alta”, señaló Rojas Serna. “Se pueden usar pinturas que reflejen más la radiación solar o asfaltos con materiales claros, como arena blanca o mármol. Esto ayudaría a disminuir la temperatura superficial”.
Planteó la necesidad de incorporar estos criterios en la normativa urbana y el Reglamento de Construcciones de la CDMX para impulsar el uso de pavimentos permeables que no carguen térmicamente el entorno.
Impacto en la salud pública
El impacto de no actuar recae directamente en la salud pública, con afecciones que van desde confusión mental, náuseas y dolor de cabeza, hasta golpes de calor que, en casos extremos, pueden resultar fatales para la población más vulnerable.



