Este fin de semana, dialogando con personas de distintas latitudes del país, coincidíamos en que no sentimos en nuestras ciudades, ni siquiera en las que seremos sede del mundial, un ambiente mundialista. El Mundial representa mucho más que fútbol. Es un escaparate global donde los países muestran no solo estadios y ceremonias, sino también capacidad institucional, infraestructura urbana, movilidad, seguridad y estabilidad social.
Tres frentes preocupantes
El problema es que tenemos tres frentes que, aunque nos dicen están atendidos, comienzan a “hacer aguas”.
Infraestructura
En primer lugar, la infraestructura. La Ciudad de México, su aeropuerto, recientemente fue nota internacional por las aguas negras que invadieron sus instalaciones. El hasta hace poco conocido como Estadio Azteca tiene baños inconclusos, y sus inmediaciones todavía no están listas para recibir a nacionales y extranjeros. En Monterrey, pareciera que no estará lista la línea del metro que conectará el aeropuerto con las líneas ya existentes. Y en Jalisco, todavía no queda clara la conectividad entre el aeropuerto, la zona hotelera y el estadio Akron. Aunque esperamos que en las tres ciudades todo quede a punto, a los ciudadanos nos queda un sabor de improvisación.
Amenazas de protestas
En segundo lugar, las amenazas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de realizar manifestaciones en espacios emblemáticos durante el mundial. Por un lado, el derecho a manifestarse es un derecho de toda sociedad democrática, pero por el otro, el país está por recibir a “las visitas”, dirían nuestras abuelas. Tenemos una responsabilidad internacional que involucra seguridad, economía, turismo y, por supuesto, la imagen de todo el país ante el mundo. La pregunta aquí sería: ¿cómo llegamos al punto de que la CNTE considere que lo más adecuado para ser escuchados sea boicotear un evento internacional de la talla del Mundial?
Seguridad
Y el último frente, por el que pareciera que todavía no sentimos el ambiente mundialista, es precisamente el tema de la seguridad. En varios estados seguimos teniendo brotes que hacen patente que tenemos una deuda pendiente en este rubro. Para ejemplo, basta un botón: los pobladores desplazados en Guerrero, que en videos solicitan ayuda ante los actos de violencia en sus comunidades.
Reflexión final
Al final, el prestigio de un país como sede mundialista no depende solo de estadios llenos y de ceremonias espectaculares, sino de la manera en que hace frente a su situación interna ante los ojos del mundo. Esperemos que como país sepamos aprovechar las semanas que nos quedan para poder dedicar el próximo mes a lo que seremos: anfitriones de uno de los eventos deportivos más importantes y del que hace cuarenta años no habíamos vuelto a ser sede.
Dra. Isabel Álvarez Peña, Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana.



