Vecinos de colonias vulnerables en CDMX se preparan ante temporada de lluvias e inundaciones
En las colonias más expuestas de la Ciudad de México, la temporada de lluvias no sorprende a nadie. Con semanas de anticipación, los habitantes de zonas como Santa Martha Acatitla, San Lorenzo Xicoténcatl y Unidad Habitacional Vicente Guerrero ya han comenzado sus preparativos. Colocan costales de arena frente a las puertas, elevan muebles y electrodomésticos sobre bloques, limpian coladeras cercanas y establecen redes de vigilancia comunitaria. Para miles de familias, esta época representa calles anegadas, transporte colapsado y viviendas inundadas que forman parte de su realidad anual.
Un problema recurrente con cifras alarmantes
De acuerdo con registros oficiales de gestión de riesgos, la capital mexicana presenta en promedio más de 500 inundaciones al año, con picos históricos que han superado los mil eventos durante temporadas particularmente intensas. Las alcaldías de Iztapalapa, Tlalpan, Gustavo A. Madero y Tláhuac concentran la mayor parte de estos incidentes. Solo en 2024, se documentaron 92 inundaciones en Iztapalapa, 64 en Tlalpan, 49 en Tláhuac y 44 en Xochimilco.
"Cuando empieza a llover fuerte todos salimos a ver cómo va la calle. Si el agua empieza a subir, ponemos tablas en la entrada y subimos lo que se pueda", relata Rosa Hernández, vecina de Santa Martha Acatitla con más de veinte años de experiencia enfrentando las lluvias. "Uno aprende con el tiempo. Ya sabemos qué hacer antes de que se meta el agua".
Adaptación cotidiana en la periferia urbana
En barrios del sur como Xochimilco o Tláhuac, los preparativos incluyen revisiones exhaustivas de azoteas y desagües para evitar acumulaciones peligrosas. Los vecinos retiran basura de las coladeras y, en algunos casos, construyen barreras improvisadas con madera o costales rellenos de arena.
"Las lluvias no nos agarran desprevenidos", explica Juan Carlos Medina, habitante de la colonia San Lorenzo Xicoténcatl. "Aquí siempre tenemos un par de costales listos. Si vemos que la tormenta viene fuerte, los ponemos en la puerta. Es nuestra forma de protegernos".
Zonas críticas y factores históricos
Las inundaciones no afectan uniformemente toda la ciudad. Mapas oficiales identifican colonias con mayor vulnerabilidad debido a su ubicación, infraestructura deficiente o condiciones del suelo. En Iztapalapa destacan Santa Martha Acatitla, Unidad Habitacional Vicente Guerrero, Constitución de 1917, El Molino y Santa María Aztahuacán. En Gustavo A. Madero, las zonas más afectadas incluyen San Juan de Aragón, La Pradera y San Felipe de Jesús.
Parte de la explicación radica en la historia geológica de la ciudad, construida sobre el antiguo sistema lacustre del Valle de México, particularmente sobre el lecho del lago de Texcoco. El suelo arcilloso dificulta la filtración del agua, mientras que el hundimiento del terreno -que alcanza entre 20 y 40 centímetros anuales en algunas zonas- afecta tuberías y sistemas de drenaje.
Organización comunitaria como respuesta
En barrios con antecedentes de anegaciones, la organización vecinal se ha convertido en herramienta fundamental. Muchos mantienen grupos de mensajería para alertar sobre niveles crecientes de agua, mientras otros coordinan turnos para limpieza preventiva de coladeras.
"Si se tapa una coladera, el agua se queda aquí", comenta María Guadalupe Sánchez, vecina de la Unidad Habitacional Vicente Guerrero. "Entre todos tratamos de mantenerlas limpias, porque si no, el agua se mete a las casas. Es trabajo de todos los días durante la temporada".
Las familias también implementan medidas domésticas como colocar muebles sobre ladrillos o bases elevadas, y algunas incluso cuentan con pequeñas bombas para extraer agua cuando comienza a ingresar a sus viviendas.
Impacto profundo en la vida diaria
Las inundaciones alteran significativamente la movilidad, el trabajo y las actividades cotidianas. En días de lluvia intensa, el tránsito puede paralizarse en minutos, con autobuses y automóviles atrapados en encharcamientos profundos. Algunas estaciones de transporte público deben cerrar temporalmente, mientras los vecinos utilizan tablas para cruzar calles o botas de hule para desplazarse.
"Cuando llueve fuerte sabemos que tardaremos más en llegar a casa", dice Víctor Morales, trabajador residente en Tláhuac. "A veces el transporte deja de pasar o las calles están llenas de agua. Planificamos nuestras salidas con el pronóstico del tiempo".
Las afectaciones económicas son frecuentes, desde mercancía dañada en pequeños comercios hasta gastos considerables en reparaciones de viviendas.
Un desafío climático creciente
Las lluvias en la Ciudad de México han mostrado cambios preocupantes en intensidad y frecuencia. En 2025 se registraron precipitaciones históricas, con un incremento del 33% respecto a 1982, según datos oficiales. Tormentas que acumulan decenas de milímetros en pocas horas superan regularmente la capacidad del drenaje urbano.
Expertos señalan que el cambio climático podría intensificar estos fenómenos, aumentando la frecuencia de lluvias torrenciales concentradas en periodos cortos. Para los habitantes de zonas vulnerables, esto significa enfrentar temporadas potencialmente más severas cada año.
"Uno se acostumbra, pero nunca deja de preocupar", reflexiona Rosa Hernández mientras observa el cielo nublado. "Cuando empieza la temporada sabemos que en cualquier momento puede caer una lluvia fuerte. Vivimos pendientes del cielo y del pronóstico".
Mientras las autoridades implementan operativos de prevención con brigadas de desazolve y equipos de bombeo, los vecinos de las colonias más afectadas continúan su ritual anual de preparación. Un ciclo que se repite temporada tras temporada, recordando que en muchas calles de la capital, el agua sigue siendo un viejo problema que aún espera solución definitiva.
