Rentas récord y gentrificación: el derecho a quedarse en la CDMX
Rentas récord y gentrificación en la CDMX

En la colonia Roma Norte, rentar un departamento pequeño puede costar hoy más de 30 mil pesos mensuales. En zonas de la Condesa y Juárez, los precios de alquiler han aumentado hasta 94% en menos de una década. Miles de capitalinos destinan más de un tercio de sus ingresos a la vivienda, y cada vez más personas son desplazadas hacia las periferias.

Transformación urbana y gentrificación

La transformación urbana de la Ciudad de México ya no solo se ve en nuevos edificios o cafeterías, sino en mudanzas forzadas, comercios históricos que desaparecen y jóvenes que no logran independizarse. Según el “Mapa de la Gentrificación” del arquitecto Jerónimo Monroy, con datos de Inside Airbnb, investigaciones del Instituto de Geografía de la UNAM y análisis inmobiliarios, colonias como Roma Norte, Hipódromo Condesa, Juárez, Centro Histórico, Escandón y Santa María la Ribera concentran los mayores incrementos de renta y alojamientos temporales. La alcaldía Cuauhtémoc lidera la presión inmobiliaria vinculada a plataformas de hospedaje de corta estancia y especulación urbana.

Colonias donde quedarse ya no alcanza

La crisis de vivienda avanza de manera desigual. Mientras algunas zonas concentran inversión y turismo, otras reciben a quienes son expulsados del centro. En los últimos años, colonias tradicionalmente de sectores medios y trabajadores se transformaron aceleradamente. Roma Norte es un caso visible: más de 2 mil 500 inmuebles ofertados en renta temporal. Hipódromo Condesa y el Centro Histórico también tienen alta concentración turística.

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Lorena Margarita Umaña Reyes, investigadora del Centro de Estudios Sociológicos de la UNAM, señala que corredores como Reforma, Roma y Condesa registraron incrementos de hasta 94% en el mercado inmobiliario.

Testimonios de desplazamiento

Martha González, de 54 años, vivió casi tres décadas en la colonia Juárez. Tras la pandemia, un nuevo administrador remodeló departamentos vacíos y anunció que el edificio sería para rentas temporales. Pagaba poco más de 9 mil pesos mensuales; al buscar otra vivienda en la zona, encontró departamentos de entre 18 y 25 mil pesos. “Sentí que me expulsaban de mi propia ciudad”, dice. Ahora vive en Iztapalapa y hace casi dos horas de trayecto al trabajo.

El desplazamiento ocurre mediante aumentos graduales de renta, remodelaciones, contratos temporales o ventas a desarrolladores. Especialistas en urbanismo consideran que la gentrificación afecta el acceso a vivienda y la permanencia de comunidades enteras.

Jóvenes sin posibilidad de vivir cerca de su trabajo

Luis Ortega, de 28 años, trabaja en una agencia de publicidad en la Roma. Hace tres años vivía con dos amigos en la Escandón, pagando 12 mil pesos entre todos. Al terminar el contrato, les pidieron 22 mil. “Hay departamentos diminutos en 20 mil pesos. Te piden aval, depósitos altísimos. Muchos de mi generación renunciaron a independizarse”, comenta. La presión se extiende a colonias como Tacubaya, San Rafael, Tabacalera, Portales, Santa María la Ribera y Doctores, debido al desplazamiento de demanda desde Roma y Condesa. Urbanistas lo llaman “onda expansiva”.

Comercios históricos en riesgo

En Roma Sur, don Ernesto Ramírez cerró la tlapalería que su padre abrió hace más de cuarenta años. La renta aumentó casi 70% en cinco años. “Aquí había fondas, talleres, papelerías. Ahora hay bares y tiendas para turistas. Modernizar no debería significar borrar la historia del barrio”, afirma. En la alcaldía Cuauhtémoc, negocios orientados al turismo internacional, como cafeterías bilingües y coworkings, compiten con comercios tradicionales que enfrentan rentas elevadas y pérdida de clientela vecinal.

El derecho a quedarse

La discusión sobre gentrificación ya no es solo académica. En 2024 y 2025, el gobierno capitalino impulsó propuestas como la “Ley de rentas justas, razonables y asequibles”, promovida por Clara Brugada, para limitar aumentos excesivos y regular plataformas de alojamiento temporal. Sin embargo, especialistas advierten obstáculos legales y resistencia inmobiliaria.

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Para colectivos vecinales, la vivienda se trata como mercancía. “La ciudad se volvió un espacio de inversión financiera”, dice Sergio Nájera, urbanista. “Cuando los departamentos producen más dinero como hospedaje turístico, los habitantes originales dejan de ser prioridad.” Han surgido protestas que exigen regulación de plataformas, construcción de vivienda pública y protección para pequeños comercios. El concepto de “derecho a quedarse” plantea que las personas no deben ser expulsadas por dinámicas de mercado.

“No perdí solo un departamento, perdí mi rutina, mis vecinos”, resume Martha. Don Ernesto añade: “Cuando desaparece un negocio de barrio, desaparece parte de la memoria del lugar”. Luis concluye: “Muchos crecimos pensando que trabajar y estudiar permitiría construir una vida aquí. Ahora la ciudad se volvió un lujo”.