Hace un par de semanas, la prensa estadounidense reportó hallazgos que los demógrafos no se han podido explicar: un nuevo descenso en la tasa de fertilidad hasta un nuevo récord, extendiéndose ahora por dos décadas sin parar. La tasa de fertilidad, definida como el número de nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil, pasó de 53.8 en 2024 a 53.1 en 2025. Exclusivamente con fines comparativos, México reporta una tasa de 47.7 en 2024, pero quiero señalar una diferencia que me parece importante.
Disminución continua en Estados Unidos
Los estadounidenses han apreciado una disminución continua, sostenida y sin muchos cambios en los últimos 20 años, pero los estudiosos de la dinámica de poblaciones no han brindado una explicación suficiente y convincente. Si bien es cierto que su población total ha crecido, parece ser a expensas de la migración. Han sugerido que la disminución está ocurriendo por un descenso marcado de la fertilidad de las adolescentes, y muestran datos congruentes con ese hecho. Parece ser que las menores allá están previniendo el riesgo de embarazo.
Contraste con México: aumento de embarazos adolescentes
México, por otro lado, ha demostrado un efecto sostenido, de muy largo aliento, en el tema del control de la fertilidad. Lo que se propusieron médicos, científicos y políticos en los años 50 o 60 se concretó ya como un cambio cultural establecido. Ya no resultan tan indispensables las campañas generalizadas para el control de la fertilidad. Lo urgente hoy, desde mi punto de vista, es el fortalecimiento de campañas dirigidas a las y los adolescentes, en vista de que de este lado de la frontera estamos apreciando lo contrario que los estadounidenses: se están incrementando los nacimientos entre las niñas de 12 a 19 años. Esto acarrea enormes riesgos a la salud y la vida de esas niñas teniendo hijos. Adicionalmente, es un factor determinante, según los demógrafos, en la perpetuación de la pobreza. No hay peor escenario que ser mujer, menor de edad, pobre y embarazada.
Aplazamiento de la maternidad
El otro fenómeno que también parece estar influyendo allá es el aplazamiento de la decisión de tener descendencia. Es decir, las mujeres y las parejas que planean en algún momento de su vida tener hijos, hoy en día, tanto en Estados Unidos como en México, van retrasando la decisión hasta la consecución de una serie de logros personales, profesionales y patrimoniales, en virtud de las dificultades que aprecian en el mundo contemporáneo. Como obstetra puedo dar fe directamente de esta condición: me lo dicen a diario mis pacientes. Habrá que ponderar en algún momento algo que hasta hace poco tiempo queda en evidencia: me refiero al número creciente de mujeres jóvenes que hoy afirman categóricamente que no tendrán hijos, por razones diversas, pero incluso hay quienes solicitan alguna intervención quirúrgica.
Descenso por debajo del recambio poblacional
Lo que sí es un hecho conocido es que, según la tabla que tiene el Banco Mundial, nuestras cifras nos colocan ya por debajo de la cifra de recambio poblacional. Tenemos una cifra de fecundidad total de 1.9 y se necesitaría una cifra del 2.1 para mantener igual la población. Parece que vamos hacia la disminución.



