Libro 'Perdónalos, Señor' expone abusos clericales en Monterrey tras cinco décadas de silencio
Después de más de cincuenta años de guardar un profundo silencio, Sandra Valdez ha decidido alzar la voz a través de su impactante libro testimonial titulado 'Perdónalos, Señor'. En esta obra, la autora revela los traumáticos abusos sexuales que sufrió cuando apenas tenía dieciséis años, perpetrados por un sacerdote en la ciudad de Monterrey, durante una época en que la Iglesia católica ejercía un poder social y moral prácticamente incuestionable en la sociedad mexicana.
El trauma que cambió una vida para siempre
En conferencia de prensa, acompañada por la activista Cristina Sada, Sandra Valdez narró con dolorosa claridad cómo su vida dio un giro trágico en la década de 1970. Proveniente de una familia profundamente devota y entregada a la fe católica, trabajaba junto al sacerdote Erasmo Morales Manzano en la parroquia San Juan Bosco de Monterrey, quien aprovechó su posición de autoridad para abusar sexualmente de ella en múltiples ocasiones.
"Yo fui atacada un par de veces. Tal como lo narro en el libro, cuando eso sucedió quedó dentro de mí un vacío, un espacio oscuro, vacío, que yo no sabía cómo llenar", confesó la autora con visible emoción. "Tenía muchas preguntas y ninguna respuesta. Lo padecí completamente sola, sin contárselo a nadie: ni a mi familia, ni a amigos, absolutamente a nadie".
La muerte simbólica de 'Lupita' y el renacer como Sandra
El impacto psicológico y emocional fue tan devastador que Sandra Valdez tomó una decisión radical: cambiar su nombre original, que era María Guadalupe. "Lupita murió", afirmó categóricamente, explicando que la pureza y alegría de la joven que alguna vez fue desaparecieron para siempre tras los abusos del padre Erasmo Morales.
"Lo primero que me quitó el padre Erasmo, lo primero que me robó fue el poder vivir cada etapa de mi vida como debe ser", declaró con amargura. "Mi adolescencia se transformó en dolor, en un dolor guardado, escondido. Los golpes físicos desaparecieron con los días, pero el dolor de adentro yo no encontraba cómo sacarlo. Entonces, decidí llamarme Sandra".
Encubrimiento institucional y respuestas evasivas
Lo que agrava aún más este caso es la respuesta institucional que recibió cuando finalmente intentó buscar justicia. En su momento, denunció los abusos ante otro sacerdote de la parroquia, Gerardo Charles, quien en lugar de ofrecer apoyo o tomar acciones, simplemente le recomendó que "perdonara a su abusador", mostrando total indiferencia hacia su estado anímico y físico.
"Recuerdo perfectamente la sensación, sintiendo que era abusada otra vez, que de alguna forma iban abusando de mí", relató sobre esa experiencia.
Posteriormente, en 2018, tuvo una audiencia con el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, a quien le presentó formalmente su denuncia por abuso clerical. La respuesta, según su testimonio, fue de completa indiferencia. En un intento posterior por obtener alguna respuesta, fue atendida únicamente por una asistente, sin recibir disculpas ni soluciones.
Patrón sistemático de protección a los abusadores
Sandra Valdez señaló un patrón recurrente dentro de la estructura eclesiástica: "La manera de operar por parte de la Iglesia católica, del clero, de los altos jerarcas, es cuando saben o cuando se tiene conocimiento de que hay un cura que está teniendo una conducta inapropiada, lo mandan a otra parroquia, lo mandan inclusive a otro país, a otra ciudad o al Vaticano, a veces los premian".
Reveló además que el entonces párroco Pablo Ponce tenía conocimiento de que el padre Erasmo Morales ejercía el ministerio incorrectamente y no tomó medidas para protegerla, exponiéndola así a un segundo abuso en un templo en construcción donde fue enviada a apoyarlo.
Búsqueda de justicia más allá de las fronteras
La búsqueda de justicia llevó a Sandra Valdez incluso hasta el Vaticano, donde envió una carta dirigida al papa León XIV. La respuesta que recibió fue que "ellos no atienden esos temas", reenviando su misiva de vuelta al arzobispado de Monterrey, cerrando así otro posible canal de resolución.
Fue cuando se enteró de que se realizaba una celebración por el 50 aniversario del padre Erasmo Morales como sacerdote (quien ya falleció), que decidió romper definitivamente el silencio y escribir el libro que ahora presenta al público.
Exigencias y propósito del testimonio
Al compartir su experiencia, Sandra Valdez busca principalmente tres objetivos fundamentales:
- Que se comprenda que los abusos al interior de la Iglesia sí suceden, así como el encubrimiento sistemático por parte de sus altas esferas.
- Exigir que no se repitan estos abusos, que haya atención médica y psicológica adecuada para las víctimas, y que existan consecuencias reales para los perpetradores.
- Buscar una reparación simbólica: "Quiero que me devuelvan la religión de mis ancestros, de mis padres, que yo viví hasta los 16 años, 10 meses, y que perdí para siempre".
"Un ataque clerical no es solo la violación al cuerpo físico, es la violación a nuestra moral, a nuestra ética, a nuestra conciencia, a nuestro valor como personas, como seres humanos", afirmó con convicción.
Un llamado a la conciencia colectiva
Con el apoyo de la organización Spes Viva y de la activista Cristina Sada, Sandra Valdez ha desarrollado este testimonio que actualmente se vende de forma directa. Su historia no busca que las personas abandonen sus creencias o dejen la Iglesia católica, sino que se tome conciencia de una realidad oculta que ha afectado a numerosas víctimas.
"Les permiten seguir diciendo misas, consagrando hostias, bautizando niños, perdonando pecados. Es una burla, es una burla a los feligreses, es una burla a la comunidad católica, es una burla a la sociedad y sobre todo, es una burla a Dios. Porque ellos hablan en nombre de Dios", declaró en un emocionante llamado final a la reflexión y a la acción.



