Padres de familia, educadores y especialistas se han unido en más de 30 asociaciones para proponer una medida clara: no otorgar smartphones antes de los 14 años ni redes sociales antes de los 16. El movimiento, denominado No es Momento, busca frenar el impacto negativo de la exposición temprana a dispositivos digitales en la infancia.
La alerta que encendió el movimiento
En México, la escena cotidiana de niños y adolescentes absortos en sus pantallas encendió una alerta que hoy se ha convertido en un movimiento nacional. Mercedes Llamas, madre de cinco hijos y cocreadora de la Clínica Restart, el primer centro especializado en ansiedad, depresión y dependencia a las pantallas en el país, fue la primera en alzar la voz. Desde su experiencia como maestra y madre, observó que algo no funcionaba en la infancia digital: los adolescentes dejaron de hablar entre ellos, los periodos de atención eran casi nulos y la creatividad estaba desapareciendo.
Cuando sentir se vuelve imposible
En la Clínica Restart, los diagnósticos tienen rostro. Un adolescente de 13 años se desmaya cada vez que experimenta una emoción incómoda: enojo, tristeza o frustración. Durante su infancia, sus padres jamás le permitieron sentir esas emociones; cada vez que lloraba, se frustraba o se enojaba, aparecía el celular para calmarlo. El resultado fue devastador: un cuerpo que no sabe sostener el malestar y colapsa con desmayos constantes.
La trampa de las plataformas educativas
El problema no siempre se presenta como exceso, sino como progreso. Muchas plataformas educativas —apps, juegos interactivos, sistemas de recompensas— parecen innovadoras, pero generan la misma dopamina y dependencia que cualquier videojuego o red social. Luz, sonido y movimiento constante entrenan el cerebro para la recompensa inmediata, reduciendo la capacidad de atención a seis segundos.
La voz de los adolescentes
Los adolescentes son los primeros en discrepar con la propuesta de eliminar celulares para las infancias. Íker Rodríguez, de 13 años, afirma: “Siento que es injusta esta propuesta de prohibir las pantallas, porque no todo lo que está en redes sociales es malo. Me preocuparía mucho no tener acceso a internet y no saber qué está pasando en el mundo”. Su postura revela la paradoja de una generación informada pero hiperdependiente, con acceso a todo excepto al silencio y al aburrimiento necesarios para generar creatividad.
Estadísticas que encienden las alertas
Desde 2010, en apenas cinco años, la ansiedad creció un 130%, la depresión un 106% y la ideación suicida un 70%. Este periodo coincide con la masificación de los celulares y las redes sociales. Maité Llamas, directora de la Clínica Restart, explica: “Los niños ya no se escuchan a sí mismos. El ruido constante no les permite construir un autoconcepto sano. En su lugar, miran vidas editadas y emociones prefabricadas, y al compararse con eso, siempre pierden”.
En Restart, uno de los primeros casos fue el de una niña de cuatro años diagnosticada con autismo nivel 3. Sin embargo, al retirar las pantallas —a las que estuvo expuesta desde los tres meses durante diez horas diarias— comenzó a hablar, caminar y conectar. El diagnóstico de autismo comenzó a desdibujarse. No había autismo; había una infancia cancelada por estímulos demasiado rápidos.
La capacidad de revertir la adicción
Antes de los 13 años, la adicción a las pantallas puede revertirse. De los cero a los seis años, el cerebro tiene una plasticidad extraordinaria; en un solo día se elimina la adicción. De los seis a los 12 años, el proceso puede tomar alrededor de un mes. Después, el costo se dispara: hasta ocho meses de abstinencia.
Australia decide actuar
El 10 de diciembre de 2025 entró en vigor una ley inédita en Australia: la prohibición total de redes sociales para menores de 16 años. TikTok, Instagram y otras plataformas deberán eliminar cuentas infantiles o enfrentar multas de hasta 49.5 millones de dólares australianos. El gobierno argumentó que es necesario proteger a los niños de “algoritmos depredadores” que los exponen a acoso, violencia, sexualización y discursos de odio. Un estudio oficial reveló que el 96% de los niños australianos entre 10 y 15 años usan redes sociales y que siete de cada 10 estuvieron expuestos a contenido dañino.
¿Y México?
El Movimiento No es Momento busca replicar el freno a redes sociales implementado en Australia antes de que el daño sea irreversible. No desde la censura, sino desde la prevención y la evidencia clínica. La pregunta ya no es si la tecnología llegó para quedarse, sino a qué edad y a qué costo. En la Ciudad de México, el pasado 16 de abril, el grupo parlamentario del PAN presentó una iniciativa para prohibir el uso de redes sociales en menores de 16 años y responsabilizar al Estado de la protección digital de niños y adolescentes.



