Madres buscadoras: el amor que desafía la desaparición en Jalisco
Madres buscadoras: el amor que desafía la desaparición

En Jalisco, la frase "Y si lo encuentro yo, ¿qué te hago?" resuena con fuerza entre madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Verónica y Raquel son dos ejemplos de esa lucha incansable que, pese a la falta de apoyo oficial, logró traer de regreso a sus seres queridos.

La búsqueda de Raquel por Jesús Yahir

Raquel, integrante del colectivo Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros, buscó a su hijo Jesús Yahir desde su desaparición el 16 de junio de 2023. Con 25 años, Yahir salió a trabajar y nunca regresó. Raquel recorrió cada rincón de Ameca, tocó puertas y enfrentó engaños de quienes le pedían dinero por información falsa. En un estado con 13 mil 886 personas desaparecidas, el Ministerio Público solo la contactó dos veces en más de dos años, siempre para preguntar si tenía más datos, sin investigar por su cuenta.

Ocho meses después, una llamada anónima indicó que Yahir estaba en un terreno en San Antonio Matute, bajo una piedra. Raquel y sus hijos buscaron sin éxito, y al reportarlo, las autoridades tampoco encontraron nada. La búsqueda continuó hasta que, el 28 de febrero de 2025, el colectivo se unió a ella. Al excavar, hallaron restos humanos calcinados, pero no a Yahir. Semanas después, en el último día de búsqueda, movieron la piedra y encontraron el cuerpo. Raquel lo reconoció por una chamarra y un short. Dos meses tardó la entrega del cuerpo, tras cruces dentales que confirmaron su identidad. Hoy, Yahir descansa en el Panteón de Atengo, y Raquel lo visita seguido, aunque el dolor persiste.

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La historia de Verónica y Luis Adrián

Verónica buscó a su hijo Luis Adrián Camarena Cuevas durante ocho años. La última vez que lo vio fue el 17 de enero de 2018, cuando salió de viaje como trailero. Desde el primer día, Verónica rastreó su colonia en Tlajomulco de Zúñiga y señaló una finca donde había cemento fresco, pero las autoridades lo ignoraron. Vendió sus pertenencias para viajar a Monterrey y Puerto Vallarta, sin pistas. Seis años después, contactó al colectivo Corazones Unidos. Una llamada anónima y un sueño de su hermana Michelle llevaron a las buscadoras a la misma finca. Al picar el cemento, encontraron un cuerpo amarrado, con una medalla de San Judas Tadeo que identificó a Luis. El 4 de abril de 2024, la búsqueda terminó. Las pruebas de ADN confirmaron su identidad, y hoy descansa en el Panteón Jardín de Guadalajara.

La lucha continúa

Ni Raquel ni Verónica recibieron información sobre las investigaciones de sus casos. La fiscal especial Blanca Trujillo indica que los protocolos exigen continuar las indagatorias, pero las madres no tienen noticias. Roxana, líder del colectivo, sigue buscando a su propio hijo. Estas madres demuestran que el amor no descansa hasta encontrar a los suyos, bajo tierra o cemento, con la esperanza de que las casi 14 mil personas desaparecidas en Jalisco regresen a casa.

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